Lars y una chica de verdad

Guión: Nancy Oliver. Intérpretes: Ryan Gosling, Emily Mortimer, Kelly Garner, Paul Schneider, Patricia Clarkson. 106 min. Jóvenes. (D)

Después de leer la sinopsis de esta película o de ver un tráiler promocional cabría pensar que se trata de cine raro o incluso de algo peor. Porque la historia no es otra que la de Lars Lidstrom, un tipo apocado e introvertido de unos 30 años, que trabaja en un almacén y vive en un garaje que le ha cedido su hermano y que… se compra una muñeca de tamaño natural. No tiene sentido contar más, pues ir descubriendo por qué Lars tiene esa personalidad es el alma de esta pequeña y encantadora cinta, que aspiró al Oscar al guión original y al Globo de Oro al actor principal en la categoría de comedia o musical.

Nancy Oliver, guionista de esa serie tan amarga y desencantada llamada A dos metros bajo tierra, según cuenta ella misma estaba cansada de películas oscuras sobre los aspectos más negativos de la condición humana y de la convivencia. Y así las cosas quiso escribir una fábula positiva, luminosa y esperanzadora que hablase de gente de buen corazón que comprende y ayuda a los demás. Y en verdad lo que ha escrito, siendo muy arriesgado, le ha quedado bien, muy bien. Sobre todo si se tiene en cuenta que la cinta tenía el peligro de ahogarse después del impetuoso planteamiento, cosa que no ocurre, porque la película nada estupendamente.

El principal mérito de que la película funcione es del canadiense Ryan Gosling, que con solo 27 años es uno de los intérpretes más brillantes del cine norteamericano, un actor capaz de hacer verosímiles y conmovedores a personajes muy distintos, como un desnortado profesor de instituto (Half Nelson) o un fiscal tentado por el éxito y enfrentado a un retorcido parricida (Fracture). Le acompañan un puñado de actores soberbios como Patricia Clarkson (la médica viuda que atiende a Lars) y Emily Mortimer (la cuñada embarazada afectiva y de gran corazón), que bordan sus personajes, en gran medida por la calidad de los diálogos y la fuerza que tienen las situaciones que plantea el guión (las visitas de Lars a la doctora y la primera cena de Lars con su hermano y su cuñada son momentos de muy buen cine). La realización de Craig Gillespie, discreta y sin extravagancias, es muy acertada.

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