Lantana

Director: Ray Lawrence. Guión: Andrew Bovell. Intérpretes: Anthony LaPaglia, Geoffrey Rush, Barbara Hershey, Kerry Armstrong, Rachel Blake. 121 min. Jóvenes-adultos.

DIRECCIÓN

GÉNEROS

Un delicado tejido de relaciones humanas. Poco a poco descubrimos sus nexos de unión. La cosa parece que va de intriga. Parece. Valerie, una prestigiosa psiquiatra, ha desaparecido. Viajaba sola de noche. El detective Leon investiga lo ocurrido. La vida familiar de éste no marcha bien. Engaña a su esposa, que cuenta sus penas en el diván a la citada psiquiatra. La mujer con la que sale el policía, también casada, tiene unos vecinos cuya sólida relación se basa en el amor mutuo y en sus tres hijos… La doctora desaparecida tenía consejos para otros, pero su propia vida tenía llagas dolorosas no curadas…

Sorprendente historia coral australiana. El mcguffin de la desaparición de Valerie sirve para disparar al espectador un fresco cuyas figuras son personas corrientes, que viven la cotidianidad de su vidas cada uno a su manera. Amor, angustia, dudas, cansancio, dolor, son el pan de cada día, con el que hay que saber seguir adelante. Ray Lawrence basa el film en una obra teatral de Andrew Bovell, que él mismo ha convertido en guión. El mérito de ambos y del montador, Karl Sodersten, es el magnífico entrelazamiento de las andanzas de los distintos personajes. La narración fluye con naturalidad, no hay dispersión al pasar de una subtrama a otra, las piezas encajan. Si acaso puede criticarse la excesiva presencia de la casualidad al relacionar las historias.

Una película como Lantana requiere un reparto a su medida. Lawrence lo tiene. Tanto los actores más conocidos (estupendos Anthony LaPaglia, Geoffrey Rush, Barbara Hershey) como los autóctonos (Kerry Armstrong, Rachel Blake, Vince Colosimo…) hacen sus personajes verosímiles, tipos humanos que podrían ser nuestros vecinos, amigos, parientes… El film es una nueva muesca en el conjunto de grandes películas corales (Magnolia, Jugando con el corazón), que han profundizado en los últimos años en el motor amoroso que mueve el espíritu humano. Y deja de lado el cinismo de títulos como la oscarizada American Beauty.

José María Aresté

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