La luna en directo

TÍTULO ORIGINAL The Dish

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Director: Rob Sitch. Guión: Rob Sitch, Santo Cilauro, Tom Gleisner y Jane Kennedy. Intérpretes: Sam Neill, Tom Long, Patrick Warburton, Kevin Harrington, Genevieve Mooy, Roy Billing, Bille Brown, Tayler Kane, John McMartin. 104 min. Jóvenes.

Cada cierto tiempo, el cine australiano agita las aguas más bien estancadas del séptimo arte con alguna obra novedosa y popular, que pronto se convierte en punto de referencia. Esta es la condición de La luna en directo, segunda película como director de Rob Sitch (The Castle), al que secundan de nuevo como coguionistas los otros tres componentes del equipo creativo denominado Working Dog: Santo Cilauro, Tom Gleisner y Jane Kennedy. Su excelente labor les ha proporcionado un enorme éxito de público y crítica en los países anglosajones.

El guión se centra en la vida cotidiana -rutinas, celos, amores, errores, angustias, heroicidades…- de los tres científicos australianos y el astrofísico norteamericano que dirigieron en julio de 1969 el inmenso telescopio de Parkes, en Nueva Gales del Sur (Australia), desde donde se transmitió en directo al mundo entero las históricas imágenes televisivas del primer alunizaje de Neil Armstrong. Y, de paso, retrata las ilusiones que tal evento generó en ese pequeño pueblo ganadero, al que acudieron el primer ministro australiano y el embajador de Estados Unidos.

Con un sentido del humor admirable y un desparpajo que nunca desvirtúa su asumida modestia, la película aúna el espíritu comunitarista y el entusiasmo ante la heroicidad cotidiana de Vive como quieras y ¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra; el humanismo de El hombre tranquilo, de John Ford; y el elogio del afán de superación de Apolo 13, de Ron Howard. Todo ello, con unas cuantas gotas de la capacidad autoparódica de las viejas comedias británicas de la Ealing -como El quinteto de la muerte, de Alexander MacKendrick-, o de clásicos españoles de los 50, como Historias de la radio, de José Luis Sáenz de Heredia, o Bienvenido, Mr. Marshall, de Luis García Berlanga.

Tal vez, la película de Sitch no alcance la grandeza de esas películas. Pero, gracias a su sólido fundamento antropológico, ofrece un guión chispeante y divertido, unas interpretaciones sensacionales y una agilísima puesta en escena, muy eficaz en la integración en la trama de los pasajes documentales -algunos, magníficos-, y siempre equilibrada en su fuga constante del drama a la comedia, y de ésta a la vibrante exaltación épica.

Jerónimo José Martín