La guerra de Hart

TÍTULO ORIGINAL Hart’s War

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Director: Gregory Hoblit. Guión: Billy Ray y Terry George. Intérpretes: Collin Farrell, Bruce Willis, Terrence Dashon Howard, Cole Hauser, Marcel Iures, Linus Roache, Vicellous Reon Shannon, Maury Sterling, Sam Jaeger, Rory Cochrane. 125 min. Jóvenes.

Una película apañada. No inventa la pólvora, pero la usa con oficio. De aires clásicos y con buen apoyo del estudio de turno. Gregory Hoblit (Las dos caras de la verdad, Frequency) toma el guión, adaptación de una novela de John Katzenbach, y atrapa al espectador durante las dos horas largas que dura el film.

II Guerra Mundial. El teniente Hart (Collin Farrell), estudiante de Derecho en la vida civil, es hecho prisionero por los nazis. No es un héroe, y lo sabe; pero le cuesta reconocerlo, y esto molesta al coronel William A. McNamara (Bruce Willis), cuyas raíces castrenses se remontan cuatro generaciones. No lo quiere en su barracón del campo de prisioneros, y lo manda con los suboficiales. Allí -giro dramático de doble vuelta y algo forzado- acaban también dos oficiales negros. En un ambiente racista, se fuerza la muerte violenta de uno de ellos. La atmósfera se carga hasta el asesinato de un suboficial blanco. El negro superviviente es el principal sospechoso, y tras lograr -graciosa concesión de los nazis- la posibilidad de formar un consejo de guerra, Hart se encarga de su defensa.

Hoblit bebe de clásicos tan imponentes como Traidor en el infierno, y de dramas judiciales con trasfondo militar y racista como Algunos hombres buenos e Historia de un soldado. Mientras maneja una historia con un par de sorpresas, muestra hombres que combaten por su país, pero que no son de una pieza. Tanto el razonable Hart (el joven Farrell promete) como el soldado a machamartillo McNamara (Willis, al que le basta saber estar) presentan rasgos sombríos; pero a la vez son capaces de sacrificarse y pensar en los otros. Los nazis son unos malvados como mandan los cánones; pero el coronel que interpreta Marcel Iures también muestra su humanidad al aflorar sentimientos paternales en su endurecido corazón. Hasta tenemos a un par de actores de color (Terrence Dashon Howard y Vicellous Reon Shannon) dispuestos a reclamar la cuota de pantalla que piden Denzel Washington, Halle Berry y compañía. Si encima hay un par de espectaculares escenas de acción -dos ataques aéreos, posibles gracias al software desarrollado para la bastante inferior Pearl Harbor-, pues mejor que mejor.

José María Aresté