La duquesa de Langeais

Guión: Jacques Rivette, Pascal Bonitzer, Christine Laurent. Intérpretes: Jeanne Balibar, Guillaume Depardieu, Michel Piccoli, Bulle Ogier, Anne Cantineau. 137 min. Adultos.

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En 1825, el general Armand de Montriveau forma parte del ejército expedicionario francés (los Cien Mil Hijos de San Luis) enviado a España para restablecer los poderes de Fernando VII. En Mallorca, durante la misa que se celebra en un monasterio de Carmelitas, descubre que la hermana Teresa es la mujer que amó, perdió y lleva años buscando.

La historia comenzó cinco años antes, en París, durante la Restauración. Nada más conocerla, el general se enamoró locamente de Antoinette de Navarreins, coqueta parisina, reina de la moda y esposa del duque de Langeais. La duquesa se divierte seduciendo al general de moda, a la vez que le mantiene a distancia. Pero cuando éste comprende que la duquesa no aceptará el papel de amante, decide vengarse.

Jacques Rivette, 80 años, superviviente de la Nouvelle Vague, nos presenta un filme hermoso, pulcro, inteligente, interesante, pero que desgraciadamente también resulta aburrido, en parte por su inconformismo y personal estilo, nada comercial. En 1991 ya adaptó libremente la novela de Balzac La belle noiseuse; en esta nueva empresa ha decidido ser fiel al texto original, tan fiel que los diálogos, las frases que dice el narrador, y hasta los propios textos intercalados con los que la acción avanza, o retrocede, contienen las palabras de La comedia humana.

El resultado es la historia de amor más austera y menos “romántica” que se haya podido ver en pantalla, a años luz de la versión de esta novela que Jacques de Baroncelli realizó en 1942, convencional pero eficaz.

Rivette convierte al espectador en un simple observador distante, que puede dedicar su interés y su atención a apreciar la belleza formal de la puesta en escena, realmente prodigiosa, y llena de implicaciones.

Las escenas son cuadros finamente cincelados, carentes de artificio, que casi reflejan la sociedad de principios del siglo XIX: tanto se han cuidado los detalles, incluidos la iluminación y el sonido. El espectador no puede evitar las preguntas sobre aquella sociedad, sus bailes, la posición de la mujer… Pero el romance, con los diálogos de Balzac, avanza inexorable hacia su destino fatal sin que sus protagonistas, títeres del destino, puedan hacer algo al respecto. Depardieu y Jeanne Balibar hacen un trabajo extraordinario y, dentro del amaneramiento a que les obligan texto y director, logran humanizar a sus personajes.

Trabajo experimental, en suma, no destinado al gran público, pero de interés para todos los que disfrutan con la estética de época y a los seguidores de la obra de Rivette.

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