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El guionista y escritor neoyorquino John Patrick Shanley escribe y dirige La duda a partir de su obra teatral homónima, ganadora de los premios Pulitzer y Tony en 2004. El argumento se desarrolla en San Nicolás, una escuela católica del Bronx, lugar de nacimiento del propio cineasta. Una pequeña comunidad de monjas regenta el colegio, cuyo capellán es el campechano padre Flynn, interpretado por un soberbio Philip Seymour Hoffman. La directora, la hermana Aloysius (Meryl Streep), no congenia con el sacerdote, que se le antoja demasiado moderno. La paz se rompe cuando la hermana Aloysius acusa al sacerdote de mantener una relación ilícita e inmoral con un alumno negro. La hermana James (Amy Adams) será una testigo inocente, con la que fácilmente se identificará la conciencia del espectador.

La película toca temas similares a muchas otras, como La calumnia de William Wyler (1961) o la más reciente Expiación de Joe Wright (2007): las consecuencias morales de la calumnia, la difamación o la simple murmuración. En el film, este conflicto adquiere perfiles más problemáticos al inscribirse en un contexto religioso. Ambientada deliberadamente en los años del Concilio Vaticano II, el sacerdote representa los aires nuevos, la búsqueda de fórmulas pastorales más cercanas a los fieles. La hermana Aloysius encarna una visión mucho más formalista y rigorista. En el film se han subrayado en exceso sus rasgos de rigidez e intransigencia, mientras que el personaje del sacerdote está tratado con mucha más generosidad. Y ese desequilibrio descompensa la película.

La película sólo puede funcionar desde una deliberada ambigüedad que pueda inducir la duda también en el espectador, aunque este siempre se ve impelido a creer la versión del sacerdote sencillamente porque es el personaje más atractivo con el que identificarse. Sin embargo, posiblemente lo más interesante es lo que representa el personaje de la hermana James. Ella encarna la inocencia, la justicia y la misericordia. La película, no por casualidad, acaba con el canto Ubi caritas, que elogia la caridad por encima de otras virtudes.

El director aprovecha para meter, pero de forma discreta, los temas-peaje de nuestro tiempo: Iglesia y homosexualidad, pedofilia clerical, mujer y jerarquía eclesial… Pero lo hace de un modo suficientemente distanciado de la demagogia y el maniqueísmo de moda. En fin, una película muy interesante, ciertamente teatral, imperfecta, pero que tiene la gran virtud de no sucumbir al sensacionalismo que una historia así fácilmente podría suscitar.

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