Director: Tian Zhuanzhuang. Intérpretes: Lu Liping, Yi Tian, Zhang Wenyao.
A diós a mi concubina, Vivir, y, ahora, La cometa azul, abordan las andanzas de sus personajes a la par que discurre la historia reciente de China. Los directores chinos ansían abordar de modo crítico unos sucesos que han sido decisivos para la historia de su país; y lo hacen, aunque las autoridades pongan todo tipo de trabas. De hecho, Kaige, Yimou y Zhuangzhuang han creado un minigénero; nadie debería asombrarse de tal insistencia si se compara con lo sucedido en Estados Unidos con la guerra de Vietnam.
Ayúdanos a sacar adelante Aceprensa. Suscríbete o haznos un Bizum (10010) por la cantidad que quieras.
La voz de Tietou, un niño, narra la dramática historia de su familia, que discurre paralela a las convulsiones que agitan a la China comunista de los años 50 y 60: Campaña Antiderechista, Gran Salto Adelante y Revolución Cultural. Cada una de estas etapas marca a Tietou, que recuerda los tres matrimonios de su madre, tras quedar viuda. Este hacerse y deshacerse de la vida familiar lo simboliza en la película la cometa azul con la que a menudo juega el niño. Cuando se engancha en un árbol y se rompe, el suceso no tiene importancia: se puede construir una cometa nueva.
Zhuangzhuang es tremendamente crítico hacia los abusos del régimen comunista; injusticias, delaciones dentro de la misma familia, persecución absurda de la cultura… son, en determinados períodos, moneda corriente. Es un panorama en el que la palabra clave es “supervivencia”, y eso busca asegurar la madre de Tietou para ella y su hijo, apoyándose en el resto de la familia.
El ritmo de la película es algo cansino, a veces de una lentitud exasperante para el espectador occidental. El director se toma su tiempo, se detiene mucho en los planos, ciertamente muy bellos, y algunos llenos de colorido. Sin embargo, hay que resaltar a su favor que lo hace para decir cosas. Zhunagzhuang aborda temas muy universales -como la reconciliación, la magnanimidad, la lealtad- con una sutil hondura que hace reflexionar.
José María Aresté