Ni un pelo de tonto

Nobody's Fool

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Director: Robert Benton.Intérpretes: Paul Newman, Melanie Griffith, Jessica Tandy, Bruce Willis, Gene Sacks.

Paul Newman es uno de los pocos supervivientes del viejo star-system y uno de los actores más queridos en Hollywood. Tras una serie de papeles insípidos, Ni un pelo de tonto le ha brindado la oportunidad de volver a demostrar la amplitud de sus recursos. Su interpretación en esta divertida y profunda comedia dramática le ha valido el Oso de Plata en el último Festival de Berlín y sendas nominaciones al Globo de Oro y al Oscar.

Junto a su trabajo -y al del resto del magnífico reparto-, destaca el inteligente guión de Robert Benton, también nominado al Oscar. Se basa en una novela de Richard Russo con bastantes elementos comunes a otras películas escritas y dirigidas por Benton, como Kramer contra Kramer o En un lugar del corazón.

La acción se desarrolla en una pequeña localidad norteamericana y describe la vida de Donald (Paul Newman), un sexagenario experto en chapuzas que es la imagen viva del perdedor: ha fracasado como marido y como padre, no tiene trabajo fijo y vive de prestado. A pesar de todo, es un optimista encantador, siempre dispuesto a ayudar a los demás y con una incombustible confianza en que su suerte cambiará. “Aguantar, esa es toda mi sabiduría sobre cualquier tema”, dice Donald en un momento del film. Y, en efecto, su suerte cambia cuando se reencuentra con su hijo, cuyo matrimonio y su propia carrera como profesor pasan por un momento difícil. El drama de su hijo obligará a Donald a enfrentarse con el pasado y con sus propias responsabilidades por primera vez en su vida.

Además de unos diálogos muy brillantes y de una sobresaliente definición de personajes, el guión de Benton ofrece reflexiones certeras sobre el drama del divorcio, las relaciones padres-hijos, el papel de los abuelos, el valor de la amistad y de la solidaridad, y el sentido del trabajo. El enfoque realista de estos temas resulta un tanto agridulce, aunque acaba dominando la historia un agradable optimismo, lleno de humanidad, que defiende decididamente la capacidad de redención del ser humano. Esta atractiva conjunción de elementos sólo desentona, por exceso, en algunos breves pasajes: por el lado idealista, se cae a veces en el sentimentalismo; por el realista, se recurre en ocasiones a diálogos o situaciones groseras, como en la partida de cartas final, cuyo exhibicionismo erótico resulta ridículo.

Siempre a tono con la evolución dramática del relato, la puesta en escena que desarrolla Benton es brillante en su clasicismo, aunque a veces se pierde un poco entre tantos hilos narrativos. Igualmente adecuadas y en su sitio resultan la evocadora partitura de Howard Shore y la bella fotografía de John Bailey. Ni un pelo de tonto demuestra, una vez más, que con un buen guión es muy fácil hacer una buena película.

Jerónimo José Martín

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