Hannibal

Guión: David Mamet y Steven Zaillian.
Intérpretes: Anthony Hopkins, Julianne Moore, Ray Liotta, Gary Oldman, Giancarlo Giannini, Ennio Coltorti.
135 min.
Adultos.

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Diez años después de escapar, el asesino caníbal Hannibal Lecter vive lujosamente en Florencia. Un avaricioso policía italiano intentará entregarlo a su sexta víctima, un vicioso ricachón con el rostro desfigurado. Este, tras fracasar la conspiración italiana, no duda en usar como cebo a la ya veterana agente del FBI Clarice Starling.

Ni soy un fanático del cine de terror, ni El silencio de los corderos me quitó el sueño. Así que no esperaba con el frenesí de algunos esta continuación de la novela de Thomas Harris y del film de Jonathan Demme, dirigida esta vez por el inglés Ridley Scott (Alien, Blade Runner, Gladiator) y con Julianne Moore en vez de Jodie Foster, que no quiso participar por la extrema violencia de la trama. Es en esta crudeza donde Hannibal se distancia para mal de su antecesora, sobre todo en el vomitivo desenlace, de una morbosidad inaguantable.

El conjunto está bien sostenido por el guión de los maestros Mamet y Zaillian, por unas interpretaciones excelentes y por la vibrante puesta en escena expresionista de Scott. Sin embargo, ese predominio de la hemoglobina chorreante sobre la adrenalina contenida resta sutileza al conjunto, que se ve lastrado además por una incómoda carencia de perspectiva ética. Al final, este cúmulo de truculencias hasta parece esbozar una justificación –se supone que paródica– del canibalismo.

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