Golpe de estadio

Director: Sergio Cabrera. Guión: Claude Pimont, Ben Odell, Sergio Cabrera y Maura Vespini. Intérpretes: Emma Suárez, Nicolás Montero, Raúl Sénder, César Mora, Humberto Dorado. 113 min. Jóvenes.

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En esta divertida película -de gran éxito en Colombia-, el cineasta y diputado colombiano Sergio Cabrera (Aguilas no cazan moscas, La estrategia del caracol) ofrece una arriesgada fábula cómica sobre la sinrazón del conflicto armado que asola su país desde hace décadas. Su divertida advertencia inicial -“Esta película no está basada en hechos reales…; ojalá”- se ha visto confirmada por el reciente recrudecimiento de los combates.

1994. En una zona rural, un grupo guerrillero intenta destruir una torre petrolífera estadounidense, que defienden unos policías desorganizados y mal pagados. Sin embargo, las mentes de los combatientes no están en la torre, sino en un decisivo partido de clasificación para el Mundial de Fútbol, que enfrentará a las selecciones de Colombia y Argentina. Como han caído en combate los televisores de ambos bandos, sus jefes -con la ayuda del cura del lugar y de un empresario español de variedades- pactan una tregua para poder corear juntos al equipo nacional. A todo esto, una guerrillera española vive un conflictivo romance, un traficante de armas italiano intenta impedir la tregua, y llega al campamento guerrillero un mítico líder revolucionario.

A través de un guión chispeante e inteligente, una buena dirección de actores y una fresca realización, Cabrera desarrolla un humor esperpéntico, cercano al de ciertas comedias italianas de los 50 o al de Berlanga en La vaquilla. Su descaro quizá moleste a alguno; pero está avalado por el hecho de que Cabrera perteneció a la guerrilla, y de que ha contado con un generoso apoyo de la policía colombiana (no del ejército).

Cabrera adopta la perspectiva ponderada y desideologizada del actual cine social, aunque quizá cae en la caricatura al retratar a los malvados: Estados Unidos, el traficante de armas, un alto mando del ejército colombiano… Y, desde luego, resulta superficial su visión de la Iglesia católica, y un tanto hedonista su enfoque del sexo. Pero acierta al sortear maniqueísmos, y al mostrar el lado humano, con sus luces y sombras, de esos sencillos guerrilleros, policías e indígenas, que pagan con su sangre las oscuras sinrazones de la violencia. Esa buena gente lleva a Cabrera a no ceder al pesimismo y a plantear con decisión su opción radical por la paz.

Jerónimo José Martín

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