Fuera del mundo

TÍTULO ORIGINAL Fuori dal mondo

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Director: Giuseppe Piccioni. Guión: Giuseppe Piccioni, Gualterio Rosella y Lucia Ze. Intérpretes: Margherita Buy, Silvio Orlando, Carolina Freschi, Maria Cristina Minerva. 100 min. Jóvenes.

Los buenos aficionados pueden disfrutar por fin de una de las mejores películas italianas de los últimos años. Se trata de Fuera del mundo, sexto largometraje del joven director Giuseppe Piccioni, autor de películas como Il grande Blek o Cuori al verde. Fuera del mundo ganó en 1999 cinco Premios Donatello a la mejor película, actriz (Margherita Buy), guión, producción y montaje, cuatro Premios Ciak de Oro, el Gran Premio del Jurado del Festival de Montreal y los premios a la mejor película y del público en el Festival de Los Ángeles.

El espléndido guión desarrolla las historias entrelazadas de tres habitantes de Milán. Caterina es una monja aún joven que está a punto de hacer los votos perpetuos. Ernesto es un cuarentón hosco, solitario y hipocondriaco, que regenta una tintorería. Finalmente, Teresa es una angustiada adolescente, que huye de su familia y se va a vivir con un policía. Un bebé abandonado en un parque unirá a estos personajes frágiles, que parecen vivir fuera del mundo, en un singular universo propio. Sus encuentros desvelan los valiosos seres humanos que existen bajo sus uniformes y máscaras, y los enfrentan con las dolorosas pero dulces exigencias del amor. Un amor que como se subraya en el film es exagerado por definición.

Estructuralmente, Fuera del mundo entronca con Grand Canyon, Jugando con el corazón, Magnolia… y otras películas norteamericanas corales que han diseccionado certeramente la crisis moral de las sociedades occidentales. Pero su tono intimista, contemplativo y a media voz está más cerca de películas europeas como Donde el corazón te lleve, Canción de cuna o Solas. Desde estos parámetros, Piccioni y sus coguionistas se atreven a indagar en el sentido profundo de la vocación religiosa, en las limitaciones de los amores humanos frente a la infinitud del amor divino y en la radical capacidad transformadora de la caridad cristiana. Como nunca eluden las fuertes tentaciones materialistas que dificultan esos elevados ideales, su visión no cae en el ingenuo espiritualismo de quienes presentan sin defectos a aquellos que aspiran a la perfección. Y como tampoco ceden al cinismo prepotente y paralizante, acaban ofreciendo una indagación muy luminosa sobre los lazos que unen lo humano y lo divino.

Este rico planteamiento argumental permite unas secuencias de gran densidad visual, cuya pobre resolución fotográfica se compensa con una esmerada planificación y con una inteligente utilización de la preciosa partitura de Ludovico Einaude. Aunque lo que realmente da trascendencia dramática y moral a los cuidados diálogos son unas interpretaciones con una extraordinaria capacidad para conmover. Destaca en este sentido Margherita Buy, cuya maravillosa caracterización de sor Caterina pone rostro humano a realidades tan difíciles de dibujar como la esperanza, la compasión, la bondad, el dominio de sí, el amor a Dios, la santidad.

Jerónimo José Martín

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