Es más fácil para un camello…

TÍTULO ORIGINAL Il est plus facile pour un chameu...

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Directora: Valeria Bruni-Tedeschi. Guión: Valeria Bruni-Tedeschi, Noémie Lvovsky, Agnès de Sacy. Intérpretes: Valeria Bruni-Tedeschi, Chiara Mastroianni, Denis Podalydès, Roberto Herlitzka. 110 min. Adultos.

Opera prima de la hasta ahora actriz Valeria Bruni-Tedeschi (Turín, 1964), que compone una especie de autorretrato extravagantemente naif de Federica, parisina de origen italiano a punto de cumplir los 40. En plena crisis, insatisfecha con su vida muelle, Federica decide cambiar y acude a un sacerdote para arrepentirse de ser rica…

A ratos original, fresca y divertida, esta película producida por el lisboeta Paulo Branco (el mecenas de Oliveira) es ciertamente arriesgada y quizás por eso triunfó en el festival de Tribeca (mejor dirección novel y mejor actriz). “Había participado en el guión cinematográfico de ‘Palabras de amor’ de Mimmo Calopresti -ha declarado la directora-. Esto me dio ganas de continuar escribiendo. Comencé a escribir diálogos, secuencias, sin saber qué podría llegar a hacerse con todo esto. Al cabo de un año le di a Noémie Lvovsky todo lo que había escrito para que lo leyera. Según ella, ahí había material para hacer una película. Pero en ese momento no sabíamos quién iba a terminar dirigiéndola. Calopresti me animó mucho para desarrollar el proyecto. Me sentí muy arropada y empujada a trabajar. Poco a poco se fue imponiendo la idea de que yo misma dirigiera el film”.

Me parece que el experimento ha salido regular, porque no da lo que promete. Bruni-Tedeschi no logra conciliar las tareas directiva e interpretativa, y la película lo acusa en forma de arritmia severa, con tramos que manifiestan a gritos la condición primeriza de la realizadora, especialmente en la cremallera que une la vida cotidiana de la protagonista con sus excursiones oníricas. Un guión tan saltarín (no te terminas de creer la supuesta riqueza de la protagonista, ni la construcción de los restantes personajes, cuya misión no va más allá de poner una rampa para propiciar las piruetas interpretativas de la protagonista) hubiese requerido una mano más libre, menos implicada, capaz de poner orden y concierto. La opción por la deconstrucción impresionista puede estar muy de moda pero rendirse a ella porque sí denota un esnobismo bastante ingenuo.

El reparto está muy bien, especialmente Chiara Mastroianni (maravillosa en “La carta” del gran Oliveira), que vuelve a demostrar mucho talento. Lo tiene, también, Valeria Bruni-Tedeschi, muy eficaz en la comunicación no verbal aunque un poco rígida en su técnica interpretativa. Como directora, ha debutado como el común de los mortales, con altibajos y exceso de metraje.

Alberto Fijo