El viejo que leía novelas de amor

TÍTULO ORIGINAL The Old Man Who Read Love Stories

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Director y guionista: Rolf de Heer. Intérpretes: Richard Dreyfuss, Timothy Spall, Hugo Weaving, Cathy Tyson, Federico Celada, Luis Hostalot, Guillermo Toledo. 110 min. Jóvenes-adultos.

Como tantos otros, Antonio Bolívar se dejó convencer hace 40 años por el espejismo de una finca en la selva amazónica. Como tantos otros, fue abandonado a su suerte. Su mujer no tardó en morir. Muchos se fueron. Él sigue allí, en el perdido pueblo de El Idilio. Ha vivido con los indios shuar (jíbaros), y conoce la selva como ningún otro blanco. Ahora se enfrenta al aburrimiento y a la muerte leyendo novelas de amor que le suministra el dentista del lugar. Su paz se verá perturbada por la llegada de unos acaudalados cazadores, pertrechados con armas modernas pero ignorantes de las leyes de la jungla. Han matado las crías de un jaguar, que se cobra venganza.

La adaptación de la novela de Luis Sepúlveda El viejo que leía novelas de amor llega a las pantallas en coproducción internacional dirigida por Rolf de Heer (Hazme bailar mi canción, La habitación silenciosa), holandés afincado en Australia. El resultado es notable. Llama la atención el pulso de este cineasta para mantener todo el tiempo un tono intimista, reflejo de la novela original, incluso en la escena de la cacería, y contar a la vez una historia cautivadora, parte denuncia, parte poema hecho de amor al hombre y a la naturaleza, construido a base de detalles pequeños, anécdotas y recuerdos.

Los paisajes de la Guayana francesa, bellamente fotografiados, están al servicio de la historia, sin invadirla. El oscarizado Gil Parrondo redondea el trabajo al diseñar, con casi nada, unos emplazamientos oportunos y creíbles. Tres grandes actores hacen el resto: Richard Dreyfuss logra una de sus mejores interpretaciones, y carga el peso de la película sobre sus hombros, secundado magistralmente por Hugo Weaving y Timothy Spall, que bordan dos magníficos retratos humanos: un corrupto e insoportable alcalde y un dentista bohemio.

Fernando Gil-Delgado

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