El velo pintado

TÍTULO ORIGINAL The Painted Veil

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Director: John Curran. Guión: Ron Nyswaner. Intérpretes: Naomi Watts, Edward Norton, Liev Schreider, Tobby Jones, Diana Riggs. 125 min. Jóvenes-adultos. (S)

Adaptación de la novela homónima de William Somerset Maugham (1874-1965), el autor británico que después de estudiar medicina y ejercerla durante poco tiempo se consagró a la escritura, obteniendo fama en 1915 con “Of the Human Bondage”. “El velo pintado” (el título proviene de una cita que abre la novela: “… el velo pintado al que quienes viven llaman vida”) fue escrita en 1925 y es considerada como una de sus mejores novelas. La adaptación de Ron Nyswaner (“Philadelphia”) no es fiel a aspectos esenciales del original, cuya lectura recomiendo. Hay veces que es un placer leer una novela y ver la película basada en ella: se perciben las dificultades, los retos, los aciertos y los errores en el arte de la adaptación.

Ya en 1934, Hollywood llevó la historia al cine, con Greta Garbo como protagonista. El argumento es bien conocido: dos ingleses, Walter -investigador en biología, hombre de clase media- y Kitty -una joven de clase alta- se casan sin conocerse demasiado y al poco tiempo se establecen en Shanghai. La frialdad de su relación y la infidelidad de ella mueven al marido a ofrecerse voluntario para ir como médico a un pueblo del interior de China donde se ha desatado una terrible epidemia. A su pesar, Kitty se ve obligada a acompañarle.

Una historia así, con el panorama de historietas bobas y artificiosas que con demasiada frecuencia padecemos, es un regalo (a pesar de que Maugham es bastante teatrero y melodramático). Así debió de pensarlo Norton, que se apresuró a convencer a Naomi Watts para que compartiese con él protagonismo y producción. 34 millones de dólares, promoción incluida, ha costado esta película rodada en China.

La cinta tiene una hermosa puesta en escena y está bien rodada. La falta de sintonía -esencial- con el original radica en que la novela es un relato sobre la evolución del personaje de Kitty, especialmente por su contacto en China con unas monjas francesas. La película decide “secularizar” la historia, y hace un retrato de la superiora del convento que no responde al de la novela, que por otra parte se cierra de manera distinta. Con todo, la película tiene buen nivel y acierta con un final hermoso y vibrante. Con un director de más calado que Curran (“Ya no somos dos”) y un guionista menos políticamente correcto, hablaríamos de una película con mayúsculas.

Alberto Fijo

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