El triunfo del amor

TÍTULO ORIGINAL The Triumph of Love

GÉNEROS

DIRECTORES

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Directora y guionista: Clare Peploe. Intérpretes: Mira Sorvino, Ben Kingsley, Fiona Shaw, Jay Rodan, Ignazio Oliva, Rachael Stirling, Luis Molteni. 112 min. Jóvenes.

Casada con Bernardo Bertolucci, la inglesa Clare Peploe intenta labrarse una carrera como directora mientras colabora con su marido como guionista. Hasta el momento, su esfuerzo solo ha generado películas más bien mediocres, como Temporada alta, Salsa de ganso o Hechizo por la ruta maya. Ahora, mejora en El triunfo del amor, adaptación ligera de la obra teatral de Pierre de Marivaux, según la versión inglesa de Martin Crimp.

Ambientada en el siglo XVIII, relata las andanzas de la princesa Aspasia, que está enamorada del príncipe Agis. Éste, sin embargo, odia a Aspasia, pues el padre de ésta le usurpó el trono, como le recuerdan de continuo su hermana Leontina y, sobre todo, su maestro Hermócrates, un áspero filósofo que ha enseñado al príncipe a desconfiar del amor y a fiarse exclusivamente de la Razón. Para romper estas barreras, Aspasia y su criada Corine se disfrazan de caballeros y acceden al palacio del príncipe. Una vez allí, se hacen pasar también por dos ficticias damas; de modo que, a veces queriendo y otras sin querer, tejen una tupida telaraña de amores cruzados e imposibles.

El triunfo del amor quiere parecerse a Shakespeare in Love y a la versión de Mucho ruido y pocas nueces que dirigió Kenneth Branagh. Pero Marivaux carece de la chispa y hondura de Shakespeare, y Clare Peploe no tiene el sentido visual de John Madden ni la frescura narrativa del dramaturgo y cineasta galés. De modo que su película se resiente de un exceso de cámara en mano -que aumenta la confusión del ya caótico argumento-, de algún leve apunte obsceno -por regodearse en los cambios de sexo- y de varios extraños homenajes al teatro un poco fuera de tono. De todos modos, los textos de Marivaux son gratos de escuchar, y miran al racionalismo con lúcido sarcasmo desde las trincheras de la exaltación sentimental. Además, el reparto lo hace muy bien, sobre todo una felizmente recuperada Mira Sorvino.

Jerónimo José Martín