El otro lado de la vida

TÍTULO ORIGINAL Sling Blade

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Director y guionista: Billy Bob Thornton. Intérpretes: Billy Bob Thornton, Dwight Yoakam, J.T. Walsh, John Ritter, Lucas Black, Natalie Canerday, Robert Duvall. 94 min. Adultos.

El pequeño David (El otro lado de la vida) pudo contra pronóstico al gigante Goliat (El paciente inglés), acaparador de 9 Oscars, en uno de los apartados importantes: mejor guión adaptado. Billy Bob Thornton (director, guionista y actor principal del film) lleva al cine su obra teatral de modo maravilloso, y demuestra pulso firme en su debut como director. Antes su pluma había dado los inspirados guiones de Un paso en falso (Carl Franklin, 1992) y Un asunto de familia (Richard Pearce, 1996).

Karl Childers, retrasado mental, ha permanecido 25 años en un centro psiquiátrico por el asesinato de su madre y su amante cuando era niño. Lo que sería un trauma para cualquiera -descubrir el adulterio de tu madre-, produjo en él una reacción violenta. Ahora los médicos creen a Karl curado, y le dejan libre. Aunque no tiene a dónde ir -su padre no quiere acogerle-, su sencillez y bondad le ayudan a encontrar trabajo en un taller. También traba amistad con un chaval, que le adopta como el padre que no tiene. El crío vive con su madre, y soporta lo mejor que puede al novio de ella, que aunque la quiere, es grosero y borracho, con tendencias agresivas.

¿La gran baza del film? Su diferencia con cualquier otro. Suena al típico de disminuido, pero no lo es. La trama parece morbosa, y es ciertamente dura; pero se mantiene en los cauces del buscado buen gusto. Es tierna, pero con momentos de negrura espeluznante. Hay drama, pero compensado con medidos toques de humor. La razón de que esta amalgama aparentemente imposible funcione hay que buscarla en una buena historia, contada de modo inteligente. Ya el inicio -la explicación del encierro de Karl a una estudiante de periodismo- es antológico.

La película pivota sobre Karl: hábil manualmente, sin casa propia, se bautiza siendo adulto, gusta a los niños -él mismo es como un niño grande-, su bondad es a veces mal entendida, se sacrifica por los que ama. Además de ideas como la amistad y la preocupación por los demás, se plantea con acierto cómo una persona con las facultades mentales mermadas puede comportarse en ocasiones con más lucidez que los teóricamente cuerdos. Thornton hace equilibrismos y no se cae, a la hora de presentar las acciones de un ser humano bondadoso, de razonamientos simples; su magnífica interpretación hace creíble el cruce de cables en su cabeza cuando trata de conciliar la práctica del bien y el combate de la injusticia. Una de sus cantinelas -“me gusta la Biblia, pero hay cosas que no entiendo”- explica un modo de actuar que busca lo mejor, aunque a veces, objetivamente, no lo sea.

José María Aresté