El color de las nubes

Director: Mario Camus. Guión: Mario Camus y Miguel Rubio. Intérpretes: Julia Gutiérrez Caba, Ana Duato, Antonio Valero, Simón Andreu, José María Domenech, Pedro Barrejón, Adis Suljic, Ramón Langa, Tito Valverde, Manolo Zarzo. 115 min. Jóvenes.

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Festival de San Sebastián, 1997: 1er Premio Especial de la OCIC.

Sabe a muy poco el 1er Premio Especial de la OCIC que El color de las nubes recibió en San Sebastián; y su ausencia en el palmarés oficial resulta claramente injusta. La película número 25 de Mario Camus (La colmena, Los santos inocentes, Sombras en una batalla) quizá no sea redonda, pero sin duda es uno de los títulos más interesantes del cine español de los últimos años.

El primer desafío que resuelve con maestría Camus es el cóctel de géneros que él y Miguel Rubio proponen en el guión. A través de una compleja estructura narrativa -muy moderna y muy cinematográfica-, se entrecruzan con creciente interés cuatro historias en las que confluyen el melodrama, la comedia, la crónica social, el cine de aventuras, el romántico y hasta el thriller.

Estos relatos se anudan en un pueblo pesquero de Cantabria y, en concreto, en la vieja casona de Doña Lola, una solitaria y amable mujer a la que quiere desahuciar un rico heredero. La sobrina de Doña Lola se enamora del noble e ingenuo abogado del especulador. Y en esas, aparece un perdido chaval de Madrid, malquerido y abandonado por sus padres separados, que se ha hecho pasar por el huérfano bosnio que Doña Lola había acogido en adopción. Al poco, llega también éste. Y, para complicar aún más las cosas, el mejor amigo de Doña Lola, un viejo pescador furtivo, encuentra un importante alijo de droga e intenta venderlo para evitar el desahucio.

En este laberinto de tramas y subtramas, Camus resuelve algunas situaciones al límite de lo verosímil, confiando en la benevolencia del espectador. Ésta, desde luego, debería tenerla, después de que Camus le haya cautivado con unos diálogos magníficos, una puesta en escena de poderoso vigor visual y dramático, y una espléndida galería de personajes -a cual mejor interpretado-, que zarandean al espectador de la lágrima a la carcajada, del desprecio a la admiración, del miedo a la euforia.

El color de las nubes confirma, una vez más, que la clave de una gran película está en la claridad, verdad y hondura de su mirada. Siguiendo la estela de otras películas españolas recientes -La herida luminosa, Secretos del corazón, La buena estrella…-, el cineasta santanderino renuncia a las frágiles velas de cierta frivolidad al uso, embarca en una cita de R.L. Stevenson, desembarca en un poema de Emily Dickinson y, desde la cita al poema, navega con valentía a la búsqueda de esos añorados e ¿inalcanzables? paraísos cotidianos que todos guardamos entre la imaginación y la memoria.

Así, por su lúcido tamiz crítico pasan el indignante egoísmo de ese matrimonio roto que conduce a su hijo al desamparo, la repugnante compra-venta de esa tragedia por parte de la televisión basura, la cultura del dinero a cualquier precio, el tráfico de drogas, la violencia… Y, a cambio, envida con decisión por la solidaridad, la amistad, el cariño en las familias, el perdón, la inocencia infantil… Todo, barnizado de un delicado e inteligente sentido del humor, muy poco habitual en el cine de Camus. Sólo se echa en falta un punto más de trascendencia, que completaría sin duda el precioso tapiz humano de esta emotiva película coral.

Jerónimo José Martín

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