El camino de los ingleses

Director: Antonio Banderas. Guionista: Antonio Soler. Intérpretes: Alberto Amarilla, María Ruiz, Félix Gómez, Raúl Arévalo, Fran Perea, Marta Nieto, Juan Diego, Victoria Abril. 118 min. Adultos. (VXD)

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Versos sueltos de un poema nostálgico. Trazos impresionistas de un cuadro de la juventud que se fue. Hay que reconocer a Antonio Banderas director su capacidad de riesgo, al abordar una película “rara”, que para atraer al público, sólo tiene su popular nombre.

El film, adaptación de la novela homónima de Antonio Soler (ver Aceprensa 33/04), transcurre durante un verano. Y aunque las coordenadas espaciotemporales no se definen con un explícito letrero, estamos en la querida Málaga de Banderas, a mediados de los años setenta. Con la voz en “off” de un recién estrenado locutor de radio, que da a sus comentarios sobre el tiempo un tinte de poesía, seguimos el deambular de Miguelito. Éste es un joven al que acaban de extirpar un riñón, y en cuya estancia hospitalaria, gracias a las charlas con su compañero de habitación, ha descubierto que existe “otro mundo”, el de los sentimientos expresados a través del verso. Su primer amor, una joven con la que coincide en la piscina; sus problemáticos amigos y conocidos, con sus circunstancias, que incluyen un suicidio; la profesora, que le da otra visión de la literatura y las cuitas amorosas… Con estos elementos, típicos de las historias iniciáticas, agitados de modo singular en su coctelera, Banderas rememora lo que a la postre parecen, tamizados por la obra de Soler, sus recuerdos juveniles, su ingreso en la edad adulta y sus hasta entonces desconocidas posibilidades.

Banderas director demuestra gusto en el encuadre (el arranque en la mesa de operaciones, sin ir más lejos), el montaje y el puntear de la música, aunque llega a hacerse cargante en la premiosa exposición. El tramo final del film, bellamente pasado por agua, es una buena muestra de sensibilidad. Pero pesa demasiado el limitado, limitadísimo horizonte vital de los personajes. Permitiendo una entrada excesiva al erotismo y al sexo sin compromiso -voyeurismo, prostitución, primeras experiencias, lecciones de alcoba…-, las posibilidades de la juventud quedan reducidas al mínimo. El nuevo mundo por descubrir sólo cabe intuirlo, pero Banderas no nos muestra, siquiera, la punta de ese gran iceberg.

José María Aresté

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