El barbero de Siberia

TÍTULO ORIGINAL Sibirskij Tsiryulnik

GÉNEROS

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Director: Nikita Mikhalkov. Guión: Nikita Mikhalkov y Rustam Ibragimbekov. Intérpretes: Julia Ormond, Olen Menshikov, Richard Harris, Aleksei Petrenko, Vladimir Ilijn I. 180 min. Jóvenes.

Historia narrada en dos tiempos. Uno nos sitúa en 1905, donde unas cartas y la formación militar de un joven en Estados Unidos sirven de hilo conductor del otro, el predominante. Éste nos traslada a la Rusia de 1885, donde un grupo de cadetes se forma en una academia militar. Uno de ellos, Andrei Tolstoi (nada que ver con el escritor, como se recuerda varias veces en el film), se enamora de Jane Callahan, una joven norteamericana a la que conoce en un tren. El motivo de su presencia en Rusia es ayudar a su padre, un excéntrico inventor, a vender al ejército su última creación, a la que ha bautizado con el extravagante nombre de El barbero de Siberia.

Lujosísima producción del director ruso Nikita Mikhalkov (Ojos negros, Urga, Quemado por el sol), que se diría la respuesta rusa a films de la envergadura de Doctor Zhivago o Lo que el viento se llevó. El Kremlin, otros palacios y los bosques de Siberia; un vestuario cuidadísimo; numerosos extras… no desmerecen de la dirección artística de los títulos citados. El espectador asiste a una singular y afortunada mezcolanza de enredo romántico -teñido de fatalismo-, con elementos cómicos propios de la ópera bufa. Sería un error medir esta película por el rasero de “texto que podría haber firmado Tolstoi” (¡ahora sí me refiero al escritor!), cuando es harina de otro costal.

La sólida estructura sostiene bien las tres horas de amor, lujo y risas. Los protagonistas están impecables. Es obligado destacar a Julia Ormond, una actriz con un algo, que elige sus papeles de modo muy selectivo y arriesgado; y al desconocido Olen Menshikov, convincente como galán. Los compañeros de Tolstoi o el general también dan la talla; en cambio, sabe a poco el personaje de Richard Harris. Una esperanza: que el film sirva para que Rusia siga sirviendo buenas películas.

José María Aresté