Domicilio privado

TÍTULO ORIGINAL Private

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Director: Saverio Costanzo. Guión: Saverio Costanzo, Camilla Costanzo, Alessio Cremonini y Sayed Oashua. Intérpretes: Lior Miller, Mohammad Bakri, Tomer Russo, Arin Omary, Hend Ayoub, Niv Shafir. 90 min. Jóvenes.

Hace tres años, el excelente documental “Promises” desvelaba con crudeza el odio entre israelíes y palestinos a través de la inocente sinceridad de unos niños. Ahora, la película “Domicilio privado”, del italiano Saverio Costanzo (“Sala rossa”), muestra la lucha diaria contra ese odio endémico a través de una historia mínima inspirada en hechos reales. El Leopardo de Oro en Locarno y la Espiga de Plata en Valladolid avalan la calidad de este filme rodado en Calabria, minimalista, incómodo y muy interesante.

El protagonista es Mohamed, profesor de Literatura Inglesa en un instituto de Palestina. Liberal, culto y pacífico, Mohamed vive con su esposa y sus cinco hijos -de entre 8 y 17 años- en una casa solitaria, a medio camino entre un pueblo palestino y un asentamiento judío. Un día, un pelotón de soldados israelíes toma su casa como centro de operaciones, pero Mohamed decide no abandonarla, como acto de no sumisión y de no violencia. La familia queda así recluida en el piso bajo de la casa, con la prohibición expresa de subir a las habitaciones altas. Pronto la determinación del padre será cuestionada por su esposa -que quiere marchar fuera de Palestina- y por alguno de los hijos de Mohamed, que consideran cobarde su actitud.

Saverio Costanzo demuestra su formación en el documental a través de una puesta en escena en vídeo digital, de tosca resolución fotográfica y extremadamente realista. Esta aspereza visual, unida a lo escueto del hilo narrativo -sólo roto por levísimas intrigas cotidianas-, hacen arduo el seguimiento de la película y limitan sus posibilidades de cara al gran público. De todas formas, la enorme fuerza moral de su planteamiento, la inalterable coherencia de su narración, su elogiosa mirada a la unidad familiar, su ponderada perspectiva política -alejada de cualquier maniqueísmo- y la cercana naturalidad de los actores -todos ellos muy conocidos en Israel y Palestina- elevan la categoría de este modesto filme. Todo ello permite esperar con interés los futuros trabajos de Saverio Costanzo, un joven cineasta que sintetiza el fondo de su película con la siguiente frase de Lars Von Trier: “Hay que esforzarse mucho para hacer un poco de bien; hay que esforzarse muy poco para hacer mucho mal”.

Jerónimo José Martín