Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 88/13

Aproximarse a una figura tan conocida como controvertida, y por otra parte, tan reciente, como la princesa Diana de Gales, es una empresa de alto riesgo. Un director de cine que asuma esa tarea sabe de antemano que siempre habrá sectores que critiquen duramente su película, y mucha gente denunciará carencias, matizará o mostrará desacuerdo con múltiples aspectos. Efectivamente, Diana ya ha generado polémicas y ha sido duramente tratada por muchos comentaristas; pero en su conjunto es una película lograda.

El director alemán se basa en el libro escrito en 2000 por Kate Snell, El último amor de Diana, convertido en guion por Stephen Jeffreys. El argumento se centra en el romance secreto que Lady Di mantuvo con el cirujano pakistaní Hasnat Khan. Esta relación comenzó en 1995, tras la revelación pública del adulterio del príncipe de Gales, y acabó dos años después, por decisión de Hasnat, cuyas tradiciones musulmanas hacían casi inviable el enlace matrimonial. Diana era una cristiana, divorciada, y la madre de Hasnat se negaba a aprobar la relación. Es justo después de este fracaso, que supuso otro mazazo emocional para la princesa, cuando ella inicia su relación con el egipcio Dodi Al-Fayed, que apenas duró unos meses.

Diana tiene muchos paralelismos con la reciente Mi semana con Marilyn: las dos muestran a una mujer frágil, deseosa sincera de un amor verdadero, e irremediablemente rota por el cúmulo de fracasos y traiciones. El retrato que se hace de ella, portentosamente interpretada por Naomi Watts, así como el de su amante, que interpreta Naveen Andrews, es sustancialmente equilibrado, y ni cae en el menosprecio ni en la fácil hagiografía. La dirección artística es muy brillante, y el conjunto notable. Ciertamente, la película es un poco roma desde el punto de vista del desarrollo dramático y emocional, y le falta fuerza y algo de ritmo. Pero dado lo difícil del reto, creo que el resultado es muy aceptable y ofrece una interesante reflexión sobre muchos aspectos que rodearon la vida de Lady Di: la presión de la prensa, el desprecio de Palacio, y su conocida filantropía.

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