Cuatro días de septiembre

TÍTULO ORIGINAL O que é isso, companheiro?

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Director: Bruno Barreto. Guión: Leopoldo Serrán.Intérpretes: Alan Arkin, Pedro Cardoso, Fernanda Torres, Luiz Fernando Guimaraes, Claudia Abreu, Nelson Dantas, Matheus Nachtergaele, Marco Ricca. 110 min. Jóvenes-adultos.

Esta interesante película brasileña ha sido candidata al Oscar 1997 al mejor film en habla no inglesa. Se trata de la adaptación libre de la obra autobiográfica O que é isso, companheiro? (A por otra, compañero, en la versión publicada en España), escrita desde su exilio en Suecia por el periodista Fernando Gabeira, diez años después del suceso que narra. Este hecho, acaecido en 1969, durante la dictadura militar, fue el dramático secuestro en Río de Janeiro del embajador de Estados Unidos, Charles Burke Elbrick, por un comando de jóvenes e inexpertos revolucionarios de extrema izquierda.

Bruno Barreto (Doña Flor y sus dos maridos, Bajo otra bandera), cineasta brasileño afincado desde hace años en Hollywood, recrea minuciosamente esta historia real al estilo del cine político de los años setenta, con un sobrio realismo, formalmente convencional y a ratos descuidado, pero eficaz desde el punto de vista dramático.

Ciertamente, la película acusa carencias formales, y algunas de las subtramas -como el romance entre la jefa y el ideólogo del comando- resultan un tanto artificiosas y amorales. Sin embargo, Barreto disimula hábilmente estos defectos con un gran rigor narrativo, que da primacía, con ponderación y afán de veracidad, a la evolución de los conflictos morales de los personajes, todos ellos muy bien perfilados e interpretados. Destaca especialmente el magistral trabajo de Alan Arkin, que da vida al sufrido y sensato embajador estadounidense.

Con este acertado planteamiento, Barreto atenúa el posible maniqueísmo de su duro alegato contra las violaciones de los derechos humanos por la dictadura militar brasileña. Y a la vez, plantea un inteligente examen de conciencia del ingenuo idealismo de los movimientos revolucionarios marxistas de los años sesenta y setenta -teología de la liberación incluida-, sin renunciar a una evidente simpatía y hasta admiración hacia ellos. Así, se distancia del recurso a la violencia, incluso en las situaciones límite, para abogar decididamente por el diálogo y la negociación política.

Jerónimo José Martín