Crueldad intolerable

TÍTULO ORIGINAL Intolerable Cruelty

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Director: Joel Coen. Guión: Robert Ramsey, Matthew Stone, Joel Coen y Ethan Coen. Intérpretes: George Clooney, Catherine Zeta-Jones, Geoffrey Rush, Cedric the Entertainer, Edward Herrmann, Billy Bob Thornton. 100 min. Jóvenes-adultos.

¿Se les habrán acabado las ideas a los hermanos Coen? Por primera vez dirigen un guión ajeno (aunque reescrito por ellos), y actualmente están rodando un remake de El quinteto de la muerte. Pero no, que nadie se llame a engaño: como tantos creadores, Joel y Ethan beben en cada film de fuentes muy diversas: Homero en O Brother!, la novela negra en Muerte entre las flores, Sangre fácil, El hombre que nunca estuvo allí, Fargo, Frank Capra en El gran salto… En Crueldad intolerable la referencia son las comedias de guerra de sexos filmadas por ejemplo por Howard Hawks, con el tamiz, quizá, de la mirada ácida de un Preston Sturges, a lo que se añade un libreto escrito previamente por otros.

Porque, con la excusa de una comedia, con pareja de intensidad y química sorprendentes (magníficos George Clooney, al que cada vez le viene menos grande la comparación con Cary Grant, y Catherine Zeta-Jones, bellísima y muy contenida), los Coen sirven una aguda crítica a una sociedad en que los divorcios están a la orden del día, y donde los repartos de bienes enriquecen a picapleitos y cónyuges depredadores. El film se centra en uno de estos abogados, Miles Massey (Clooney), inventor de una cláusula matrimonial infalible, pensada para solteros de oro. A él acude un marido pillado in fraganti con otra mujer, cuya esposa, Marilyn Rexroth, solicita el divorcio. El descubrimiento de que Marilyn se casó por dinero facilita a Massey la defensa de su cliente, pero con lo que no podía contar es con enamorarse de esa increíble mujer.

Los Coen apuestan en esta ocasión por una narración muy clásica, donde la cámara apenas se hace notar. Siguen presentes los detalles surrealistas (las apariciones con fondo negro de un abogado mentor enchufado a un gotero, el genial asesino asmático, el marido maltratado haciéndose una foto Polaroid de sus lesiones…), pero están más integrados en la historia. Al fondo de una línea asumidamente disparatada, donde la exageración es norma, late sin moralinas el anhelo de un amor verdadero y para siempre. A Massey le sale el dinero por las orejas, y Marilyn tiene una fortuna al alcance de su mano: pero no les basta, lo saben y están insatisfechos. De un modo menos brillante que otras veces, los Coen entregan un film entretenido, que funciona. Desentonan un par de detalles zafios, aunque se incluyan con la intención de subrayar las patéticas infidelidades conyugales.

José María Aresté