Cosas que no se olvidan

TÍTULO ORIGINAL Storytelling

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Director y guionista: Todd Solondz. Intérpretes: Selma Blair, Leo Fitzpatrick, Robert Wisdom, John Goodman, Lupe Ontiveros. 88 min. Adultos, con reparos.

Director de la premiada y polémica Happiness, Todd Solondz estrenó en Estados Unidos Cosas que no se olvidan, también muy polémica, en 2002. En ella la cámara se convierte en una hacha de guerra con la que se sacude con saña brutal y demoledora amargura sobre los despojos humanos resultantes del naufragio vital y moral de ciertos sectores acomodados de la sociedad norteamericana.

El título español no refleja la contundencia del original (Storytelling), que resume el nervio de una película ácida y vitriólica sobre la interacción y el trasvase de podredumbre entre la ficción y la realidad. Turbia e incidentalmente pornográfica, la película arranca con unos créditos magníficos y una música enormemente evocadora. Se ensamblan, durante 87 minutos, dos historias: una, bajo el rótulo Fiction, que dura unos 15 minutos, ambientada en un taller de escritura creativa que dirige un premio Pulitzer en la Universidad, y la otra, Non Fiction, sobre un proyecto de documental, a cargo de un director fracasado, sobre un conflictivo joven de clase media al que le llega el momento de entrar en la universidad.

Solondz tensa todo lo que puede la cuerda y mete en la batidora temas como la familia, el racismo, la fama como horizonte vital, el desmadre sexual y la manipulación mediática de la realidad. Lo hace con un glacial distanciamiento, con un tono implacable de provocación sarcástica que resulta absolutamente innecesario y acaba predisponiendo negativamente al espectador frente al pedante didactismo fatalista de la película.

Esperemos que gente con talento, como Solondz, rectifiquen el rumbo: el fin (reflejar la degeneración humana en el primer mundo y el sin sentido de una civilización caduca) nunca justifica medios aberrantes (reproducir morosa y morbosamente los extremos de esa degeneración es agredir la inteligencia y la sensibilidad del espectador).

Alberto Fijo

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