Corrupción en Miami

Guion: Michael Mann.
Intérpretes: Colin Farrell, Jamie Foxx, Gong Li, Naomie Harris, Luis Tosar, Justin Theroux.
Adultos. (VXS)

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Michael Mann (Chicago, 1943), que había sido productor ejecutivo de la serie televisiva Corrupción en Miami, emitida en Estados Unidos entre 1984 y 1990, dirige este largometraje de generoso presupuesto, 135 millones de dólares.

“Mi idea inicial fue hacerla como si la serie no hubiera existido”, ha declarado Mann, que había despertado buenas expectativas por la presencia en su curriculum de títulos de buen nivel como Collateral, Ali, El dilema, Heat y El último mohicano.

Con estas intenciones de hacer algo nuevo, Mann cosecha un fracaso imponente, quizás el mayor de su carrera. No es que la serie fuera nada del otro mundo, pero si se la compara con la película, resulta bastante mejor. Mann ha utilizado el presumible tirón que la película pudiese tener entre los nostálgicos de la serie televisiva para contar una historia protagonizada por una pareja de policías de Miami con un tratamiento similar al de Collateral: pocos diálogos, escenas muy bien fotografiadas, una puesta en escena de gran frialdad y predominio de la nocturnidad.

El gran problema de Corrupción en Miami es el guión, plano y aburrido, con unos conflictos de ínfimo nivel. Los personajes no tienen recorrido y terminan por parecer modelos anunciando ropa, relojes, gafas de sol, coches y motoras, en repetidos contoneos a cámara lenta. Colin Farrell y Jamie Foxx encarnan a los detectives Sonny Crockett y Rico Tubbs, que, por cierto, deben de tener un patrimonio familiar cuantioso: de lo contrario, es inexplicable que conduzcan un Ferrari, vistan de Armani y vivan en unas casas de revista de decoración.

Lo mejor de la película son las tasadas secuencias de acción, donde brilla el conocido talento de Mann para mezclar imagen y sonido. Las relaciones sentimentales entre Sonny e Isabella (nada menos que la prestigiosa Gong Li), y Rico y Trudy son la excusa para rellenar metraje con un puñado de secuencias eróticas, muy en onda con la banalidad insustancial de una película errática, que no ha pasado de los 63 millones de dólares en la taquilla norteamericana, mientras Collateral superó los 100 millones.

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