Cartas desde Iwo Jima

TÍTULO ORIGINAL Letters from Iwo Jima

GÉNEROS

DIRECTORES

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Director: Clint Eastwood. Guión: Iris Yamashita. Intérpretes: Ken Watanabe, Kazunari Ninomiya, Tsuyoshi Ihara, Ryo Kase, Shidou Nakamura. 141 min. Jóvenes-adultos. (V)

Clint Eastwood comenzó a rodar “Cartas desde Iwo Jima” nada más terminar “Banderas de nuestros padres”, cuando esta cinta iba a entrar en postproducción. Es la visión de la misma batalla desde el lado japonés. En realidad se trata de un solo proyecto sobre la guerra, la naturaleza humana y el heroísmo, como siempre en el cine de este autor.

La película comienza con la llegada del general Kuribayashi a la isla para dirigir la defensa. Kuribayashi es un hombre moderno, formado en Estados Unidos, país que conoce y respeta. A su llegada organiza la defensa de una manera nueva y eficaz y logra convertir el islote en un formidable foco de resistencia. Los cinco días de lucha previstos por el mando norteamericano se convirtieron en una feroz batalla de cuarenta días con decenas de miles de muertos (ver reseña histórica). Kuribayashi además desaprueba viejas prácticas habituales en el ejército imperial: abusos, malos tratos, desprecio por los civiles, suicidios honorables; naturalmente muchos de sus oficiales y suboficiales de la vieja escuela le son hostiles. Entre los simples combatientes del ejército nipón se encuentra Saigo, panadero en la vida civil, cuyo único afán es conocer a su hija, a la que todavía no ha visto.

“Cartas” es una gran película, superior a su gemela porque es más centrada; se trata de una historia con un objetivo claro, mostrar quiénes fueron aquellos hombres que lucharon en los túneles y las cuevas de la isla. Con ayuda de algunos “flash back” Eastwood traza las personalidades del barón Nishi, campeón olímpico, del general Kuribayashi y también la de algunos soldados.

El ambiente es opresivo y el ronroneo de la artillería y las ametralladoras se oye incansable a través de los túneles desde el inicio de los combates. Los horrores se suceden con una inexorable fatalidad. Unos colores desvaídos contribuyen a dar veracidad al filme, y a aumentar el cansancio; la película parece rodada en blanco y negro, el color lo dan las llamas y la sangre.

Rodada en japonés, muestra el lado nipón de la batalla, pero no es tanto el punto de vista de los nipones como el de Eastwood que se acerca al adversario con humanidad. El pesimista realizador es claro al mostrar en su doble película tanto el horror de la guerra como el hecho de que los combatientes son personas normales en uno y otro bando, capaces de actos heroicos y de mezquindades y que muchas veces unos y otros son manipulados en aras de intereses ajenos; y recuerda aquel cínico adagio de “la guerra es algo terrible, sobre todo para el que la pierde”.

Fernando Gil-DelgadoACEPRENSA