Capitán Conan

TÍTULO ORIGINAL Capitaine Conan

GÉNEROS

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Director: Bertrand Tavernier. Guión: Jean Cosmos y Bertrand Tavernier. Intérpretes: Philippe Torreton, Samuel Le Bihan, Bernard Le Coq, Catherine Rich. 130 min. Adultos.

Bertrand Tavernier abordó el tema de la guerra en La vida y nada más y La guerra sin nombre. De nuevo abunda en los horrores bélicos a partir de una novela, de contenido autobiográfico, del francés Roger Vercel, que en algunos aspectos conecta con Senderos de gloria, de Stanley Kubrick. La historia transcurre durante la recta final de la I Guerra Mundial, cuando los franceses logran una victoria decisiva en el frente de los Balcanes gracias, en parte, al cuerpo de 50 hombres del capitán Conan. Delincuentes y asesinos reclutados en distintas prisiones intentan redimirse mostrando su valor en el combate.

La película ofrece secuencias bélicas perfectamente coreografiadas. La dirección artística mereció un premio en el pasado Festival de San Sebastián. Fotografía nerviosa y música son de gran belleza. Pero donde sobresale el film es en su historia, valioso material que ahonda en el espíritu humano y muestra con justeza el contexto donde se desenvuelve. Tavernier y su guionista, Jean Cosmos, hacen una magnífica adaptación, con adecuado sentido del ritmo, que sabe huir de simplismos maniqueístas. Así, presentan una historia de rico contenido, que hace pensar, donde la forma está al servicio del fondo.

Tavernier muestra un amplio abanico de tipos. El capitán Conan posee un valor y un coraje algo salvajes; es individualista, pero aprecia a sus hombres. En la guerra, da lo mejor de sí mismo, pero su razón de ser, su mundo, pueden acabarse cuando llegue la paz. Trata de entenderle Norbert, maestro en la vida civil, sobre el que van cayendo distintas responsabilidades -primero como abogado, luego como fiscal- en procesos militares, donde trata de actuar guiado por la justicia. Se dibuja con acierto la relación entre estos dos hombres, que quiere ser de amistad, aunque sus modos de ver la vida sean muy diferentes.

Conan no responde a estereotipos militares; sin embargo, admira al teniente De Scéve por su valentía y virtudes castrenses. Este personaje, positivo pese a sus defectos, equilibra el corrosivo retrato que se hace de algunos altos mandos, preocupados sólo de satisfacer su ego. Otros personajes secundarios -el soldado acusado de cobardía y su afligida madre, el sacerdote que ayuda en su defensa…- enriquecen la narración.

El film muestra en los personajes rasgos de amistad, amor, entrega, comprensión, justicia… Pero estos esfuerzos, reales, están teñidos de amargura: es difícil cambiar caracteres demasiado hechos, desarraigar la maldad o el egoísmo que anidan en tantos corazones, parece decir un sombrío Tavernier.

José María Aresté