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Después de un fallido paseo por el thriller, la neozelandesa Jane Campion (El piano, Retrato de una dama) vuelve al cine de época para contar un drama romántico basado en un hecho real: la historia de amor entre el poeta inglés John Keats y la joven Fanny Brawn. Una relación apasionada e imposible por la falta de salud y la ruinosa situación económica de Keats.

Si hay un adjetivo para calificar Bright Star, es delicado. A partir de la correspondencia de Keats -unas preciosas y apasionadas cartas que escribió a Fanny Brawn-, Campion construye una historia de amor intimista, melancólica y elegante. El romanticismo de la cinta está hecho de miradas, de pequeños gestos, de caricias y de versos… sobre todo de versos, de poesía. Una construcción muy alejada de cierta tendencia del cine romántico actual que entiende poco de sutilezas.

Quienes superen el prejuicio de acercarse a una historia de ritmo pausado y tono nostálgico, se encontrarán una cinta de cuidadísima producción, con una puesta en escena y una fotografía mimadas al detalle, un vestuario perfecto, unas poesías preciosas, unos paisajes de la campiña inglesa encantadores y unas buenas interpretaciones de Ben Whishaw (El perfume, Retorno a Brideshead), que empieza a abonarse al cine de época, y Abbie Cornish (Candy) en un sorprendente cambio de registro. ¿Que la historia es poca cosa y está contada de forma algo académica? Quizás, pero simplemente por este magnífico envoltorio merece la pena.

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