Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 64/15 Alex y Ruth llevan más de cuarenta años en el mismo piso en Nueva York, un ático sin ascensor con unas formidables vistas al puente de Brooklyn. Subir varias veces al día los cinco pisos empieza a resultar una tarea molesta, incluso difícil. Además el barrio ha cambiado:

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