Anastasia

Directores: Don Bluth y Gary Goldman. Guión: Susan Gauthier, Bruce Graham, Bob Tzudiker, Noni White y Eric Tuchman. Dibujos animados. 110 min. Todos.

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Después de varios años en baja forma, el dúo Don Bluth-Gary Goldman (Nimh, el mundo secreto de la Sra. Brisby; Todos los perros van al cielo; Fievel y el Nuevo Mundo) se consagra definitivamente con esta espléndida película de animación, la primera rodada en scope desde La bella durmiente, de Walt Disney.

Su magnífico guión aúna la fantasía y las canciones típicas del género con una sugerente historia realista de amor y aventuras, al estilo de los mejores melodramas clásicos. Están tan cuidados los diálogos y tan matizados los perfiles de los personajes centrales, que al público adulto le sobrará la subtrama fantástica, que obliga a una visión disparatada de la Revolución Soviética.

De todos modos, el film pasa de puntillas sobre ese tema, para centrarse en la imaginaria historia de Anastasia, la hija pequeña del zar Nicolás II, que se habría salvado del magnicidio perpetrado por los bolcheviques. Al cabo de los años, y perdida la memoria, sale del orfanato donde se ha criado, con una única pista sobre su pasado: un medallón con la inscripción “Juntas en París”. Cumplirá su deseo de huir a la capital francesa gracias a dos timadores -un joven que fue pinche del palacio real y un divertido ex cortesano- que la hacen pasar por la mitificada Anastasia. Todo marcha bien hasta que despierta de su tumba el malvado y diabólico Rasputín que, antes de morir, juró eliminar a todos los Romanov.

Generosamente apoyados por la nueva sección de animación de la Fox Family Films, Bluth y Goldman dan vida al guión con un exuberante despliegue visual y sonoro. Los fondos son sensacionales y la animación de personajes, sobre todo de los realistas, es sencillamente magistral. A esto se añade una brillante planificación, unas apabullantes coreografías musicales, varias secuencias de acción muy espectaculares -en las que se integra muy bien la animación por ordenador-, bien dosificados golpes de humor y una partitura y unas canciones bellísimas.

El conjunto se redondea con un inteligente enfoque de los temas de fondo. Bluth y Goldman eluden la acumulación de gracias, y cimentan la trama en momentos auténticamente emotivos y sustanciales. Esta acertada perspectiva dramática les permite un elegantísimo tratamiento de la historia romántica y una bella reflexión sobre el valor de la familia, con varias referencias positivas al trato con Dios y una decidida opción a favor del amor, frente a la fama y las riquezas.

Jerónimo José Martín