Amelie

Guión: Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant. Intérpretes: Audrey Tautou, Mathieu Kassovitz, Yolande Moreau, Isabelle Nanty, Rufus, Dominique Pinon. Adultos. 121 min.

TÍTULO ORIGINAL Le fabuleux destin d'Amélie Paulain

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El francés Jean-Pierre Jeunet sorprendió con sus primeros largos, Delicatessen y La ciudad de los niños perdidos, codirigidos por Marc Caro. Después, en Alien Resurrección, confirmó en solitario su personalidad visual. Ahora la lleva al extremo en Amelie, luminosa comedia rechazada por el Festival de Cannes, pero que ha logrado un éxito rotundo en Francia.

Ambientado en un París onírico, colorista y culturalmente idealizado, el guión relata la mágica vida de Amelie, una chica encantadora, imaginativa y supuestamente con el corazón débil, que trabaja como camarera en un bar de Montmartre. Hasta ahora, su vida ha estado marcada por su difícil infancia, en la que vio a su pez de colores saltar hasta las alcantarillas, a su madre morir en la plaza de Notre Dame, víctima de una suicida poco cuidadosa, y a su padre perder el norte hasta dedicarse en cuerpo y alma al gnomo que adorna su jardín. De pronto, a los 22 años, Amelie descubre su misión en el mundo: enderezar la vida de los demás. Se beneficiarán así de sus alucinantes iniciativas la llorona y alcohólica portera de su edificio, una estanquera hipocondríaca, un celoso patológico, un frágil anciano que pinta una y otra vez el mismo cuadro de Renoir, un pacífico dependiente despreciado por su patrón, y Nino, la media naranja de Amelie: un joven que trabaja en un túnel de terror y una sex-shop, y cuya obsesión es tomar las fotos que yacen rotas al pie de los fotomatones para descubrir la identidad de un hombre que aparece en muchas de ellas.

En su primera película rodada en exteriores, Jeunet acierta al perfilar y dotar de humanidad a su excéntrica galería de personajes, todos magníficamente encarnados por un reparto de lujo. En él brillan Audrey Tautou y Mathieu Kassovitz, presentados como máxima encarnación de la inocencia, la poesía y la solidaridad frente a la sofisticación, la vulgaridad y el egoísmo de la materializada sociedad moderna. Este enfoque propicia numerosos gags muy divertidos, hilvanados por Jeunet a través de una puesta en escena pictórica, entre surrealista y naïf, y con lejanos ecos de Clair, Carné, Tati y Demy. En ella, Jeunet reúne todas las rarezas y trucos que ha usado en sus anteriores películas; de modo que la Amelie abrirá las carnes a los puristas y entusiasmará a los aficionados a los experimentos audiovisuales. Y similar división provocará la agresiva fotografía de Bruno Delbonnel y la machacona pero exuberante banda sonora de Yann Tiersen.

En todo caso, este fascinante homenaje a la imaginación y al amor hiperromántico se resiente de la excesiva acumulación de anécdotas sin trama, de la ligereza de varios conflictos dramáticos y de un cierto permisivismo sexual, que propicia algún detalle soez y algún apunte irreverente sobre el catolicismo.