Agua para elefantes

GÉNEROS,

PÚBLICOJóvenes-adultos

CLASIFICACIÓNViolencia, Sensualidad

ESTRENO15/03/2011

Estados Unidos, años 30. En plena depresión económica, un joven polaco estudiante de Veterinaria pierde a sus padres en un accidente. Para salir adelante buscará trabajo como cuidador de animales en un circo. Allí entablará relación con el carismático y déspota director del espectáculo y con su mujer, una bella domadora de caballos que vive amedrentada por el carácter de su marido.

Sorprende que detrás de este drama romántico tan plano estén Richard LaGravanesse (Los puentes de Madison, El rey pescador, El hombre que susurraba a los caballos) y Francis Lawrence, que aunque no deslumbró, consiguió entretener con Soy leyenda y Constantine. A pesar de la bellísima fotografía de Rodrigo Cortés (fotógrafo habitual de González Iñárritu) y de que, sobre el papel, un romance con el circo como telón de fondo siempre es atractivo, la película hace agua por todos los flancos.

La historia de amor es soporífera y poco convincente, los espectáculos circenses escasos y el desarrollo de los secundarios, inexistente. El peso de la película lo lleva el trío protagonista y aquí radica otro gran problema. Hay que tener mucho valor para hacer que compartan plano Christoph Waltz –un verdadero monstruo de la interpretación– y Robert Pattinson –el vampiro Edward Cullen, un actor muy limitado–. Al lado de semejante contraste Resse Whitespothon se sitúa en un discreto término medio –más cerca de Pattinson que de Waltz– y confirma que lo mejor que ha rodado, con diferencia, es En la cuerda floja.

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