Richard Brake
Audiard entra en la lista corta de grandes “westerns” contemporáneos con una película de muy bella factura, dura pero honesta.
Realidad delirante, sátira desatada. Es la fórmula de esta película para contar lo que ocurre tras la muerte del tirano.
Un hombre con negocios sucios emprende el “último” antes de retirarse. Película plana y anodida, sin acción ni suspense.

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