50 hombres muertos es la adaptación al cine del relato autobiográfico de Martin McGartland, un joven irlandés que a finales de los años ochenta se infiltró en el IRA para pasar información a los servicios secretos británicos. La historia sigue el recorrido del joven desde que es un vulgar ratero hasta que se ve obligado a construir una identidad falsa y alejarse de su familia.

Las películas sobre el conflicto norirlandés son casi un género y -como en este caso- suelen tener la baza de estar inspiradas en sucesos reales. En este sentido, la realizadora canadiense Kari Skogland no solo ha querido apoyarse en el testimonio de McGartland: también ha querido ambientar la cinta en los mismos lugares donde sucedieron los hechos. El modo de rodar, de fotografiar, de dirigir a los actores -buen reparto liderado por un solvente Jim Sturgess-… todo busca deliberadamente esa verosimilitud.

Y se puede decir que 50 hombres muertos funciona bien como documento cuasi-histórico y que es un intento loable de acercarse a este complejo conflicto político. Sin embargo, le falta algo como drama. Se profundiza poco en las motivaciones de los personajes -especialmente del protagonista- y, en consecuencia, algunas tramas están contadas a trompicones. Además, el tono áspero y seco que rodea a la historia y la realización algo televisiva terminan por cansar. En definitiva, un buen material de partida que solo consigue convertirse en una película correcta.

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