3 metros sobre el cielo

3 metros sobre el cielo

TÍTULO ORIGINAL Tres metros sobre el cielo

PRODUCCIÓN España - 2010

DURACIÓN 118 min.

PÚBLICOAdultos

CLASIFICACIÓNLenguaje soez, Sexo

ESTRENO03/12/2010

GÉNEROS,

GUIONISTAS

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Babi es, en términos generales, “una buena chica”: estudiosa, formal, mona, bastante pija y un poco caprichosa. Hache es un chaval tan guapo como conflictivo, tiene auténtica pasión por las motos y el riesgo. Le encanta meterse en líos y pasearse por el lado oscuro, aunque tiene buen corazón. Después de un accidentado encuentro y, a pesar de sus diferencias, los dos se enamoran apasionadamente.

A tres metros sobre el cielo es la primera novela de una saga que ha hecho rico al italiano Federico Moccia. Los ingredientes del éxito no han sido muy diferentes a los del fenómeno Crepúsculo –otro boom editorial y cinematográfico–: una historia eminentemente romántica de amor imposible, tramas sencillas, lenguaje coloquial y personajes y conflictos cercanos y reconocibles para los adolescentes (especialmente para las chicas). Además, en las dos sagas se explota hasta el límite el componente de la tensión sexual entre los protagonistas. De manera mucho más desinhibida y explícita en el caso de Moccia que, en lugar de americano mormón (como la creadora de Crepúsculo), es un fogoso latino: italiano, liberal y se declara católico.

Los problemas de esta película son dos: el primero es que el contenido de la película (con algunos pasajes muy violentos y escenas de sexo explícito) la hace más apropiada para un público adulto… al que, sin embargo, no interesará en absoluto el edulcorado romance de dos chavales. Lo conseguido, de momento, con la saga Crepúsculo –películas hechas para adolescentes y con contenidos propios para ellos–, no lo ha hecho 3 metros sobre el cielo. El segundo problema es que a Fernando González (Fuga de cerebros) le ha salido una película tremendamente aburrida y plana. Ni siquiera los actores están bien; a Mario Casas solo se le entiende a ratos, y María Valverde, convincente en otros papeles, recalca tanto la vena pija y engreída de su personaje que cuesta entender que nadie se vuelva loco por ella (aunque salga muy mona y en ropa interior con ocasión o sin ella).

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