Globalización
Las desigualdades provocadas por la globalización han suscitado una reacción contra el orden liberal occidental.
La economía de mercado no siempre funciona de modo que haga llegar la prosperidad a la mayoría. De ahí que desde la crisis de 2008 haya un extendido desencanto con el capitalismo.
La incorporación de los populismos nacionalistas a este debate confirma los pronósticos de quienes vieron en la globalización algo más que un fenómeno económico.
En los años dorados de la globalización se decía que todos los países salían ganado con ella. Pero ahora algunos detectan que un alto nivel de integración económica no supone el fin de las rivalidades estratégicas y de los previsibles conflictos.
Un nuevo sistema de gobernanza mundial requeriría también cambios en las organizaciones internacionales más influyentes, cuya reforma está planteada desde hace tiempo.
Más representativo que el G-8 y menos ingobernable que la ONU, el G-20 aún tiene que demostrar que puede ser una instancia decisoria para organizar la gobernanza mundial.
En la India se observa que muchos asalariados que realizan servicios deslocalizados por empresas extranjeras trabajan en condiciones perjudiciales para la salud.
La globalización del mercado laboral ha llevado a empresas de Europa occidental a trasladar parte de sus actividades a los países emergentes de bajos costes salariales. Aunque China y la India siguen siendo los principales focos de atracción, cada vez hay más compañías dispuestas a transferir oficinas a países de Europa central y oriental, sobre todo Polonia, Hungría o Eslovaquia.
Se acusa a la globalización de aumentar la brecha entre ricos y pobres del mundo. The Economist (13 marzo 2004) revisa los datos y supuestos en que se basa esa idea.
Contrapunto
El economista Juan José Toribio ve la cara positiva de la globalización
Un fenómeno imparable, que no alcanza a todo el mundo
Análisis
La globalización, se dice a menudo, perjudica a los más pobres. Por ejemplo, los trabajadores del Tercer Mundo son explotados en fábricas que producen para las multinacionales, que se aprovechan de esa mano de obra barata. Rick Little ofrece la perspectiva de esas mismas personas a las que tales denuncias pretenden ayudar (Time, 26 junio 2000).
Hay algo que se escapa en todas las loas sobre la e-conomía, el e-comercio o los e-negocios. No pasa un día sin que un consejero delegado o presidente haga un discurso sobre los desafíos y oportunidades del nuevo modo de trabajar y organizar el trabajo: "Sean flexibles, jueguen en equipo, confíen en el riesgo...". Hay muchas oportunidades, es cierto, pero... ¿cómo afectarán las nuevas formas de trabajo al tipo de personas que somos? Apenas una década de duro clima económico hizo de nuestros abuelos esforzados trabajadores, amantes de la seguridad, ahorradores y abnegados. El crecimiento económico de los 50 y 60 moldeó en cambio a los baby-boomers como optimistas, materialistas y egoístas. ¿Qué será de una generación en la que los cambios de empleo son más frecuentes, el trabajo por cuenta propia más habitual, más gente trabaja desde casa y las oportunidades se incrementan al precio de una mayor incertidumbre?
Pensar en global sin olvidar a las personas
Un fenómeno que va más allá de la economía

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