La revolución de la riqueza

TÍTULO ORIGINALRevolutionary Wealth

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Alvin Toffler,Heidi TofflerDebate. Madrid (2006). 640 págs. 29,90 €. Traducción: Juliá de Jòdar.

Alvin Toffler y su mujer Heidi, autores de conocidos “best sellers” como “El shock del futuro” (1971), “La tercera ola” (1983) y “El cambio de poder” (1990), se aventuran una vez más a explicar el futuro próximo.

Aunque gran parte de los hallazgos de los Toffler en este ensayo estaban ya en germen en algunos de sus anteriores títulos, “La revolución de la riqueza” pretende ser un compendio de grandes tendencias mundiales actualizado a la vertiginosa década que estamos viviendo. Se trata de explicar ese nuevo mundo que se nos avecina bajo el prisma o paradigma de la riqueza.

Según los autores, el conocimiento constituye esa revolución de la riqueza en un mundo donde adaptarse y anticiparse al cambio es vital. Sin embargo, para los Toffler el conocimiento está ligado casi exclusivamente a la visión de innovación empresarial y a la posibilidad de mejorar el nivel económico -entendido como más bienes, más servicios, disponibles para más personas-, algo que evidentemente es interesante y positivo, pero que puede resultar limitado.

Aunque el ensayo peca a veces de largo y repetitivo y es, en cierta medida, desordenado, lo cierto es que el panorama que intentan describir los autores es tan complejo que resulta difícil resumir. Especialmente si se pretende cubrir desde lo macro a lo micro, o desde política internacional hasta gestión empresarial, ciencia o incluso moral.

En el ámbito de la empresa y la economía, el ensayo aporta observaciones interesantes, algunas ya conocidas, como es la figura del prosumidor, el productor-consumidor de bienes y servicios que constituye esa economía opaca, que no negra, de la que todos formamos parte cada vez que cuidamos a un hijo o de un padre, hacemos un favor a un vecino, cocinamos nuestros propios alimentos y un largo etcétera. Los Toffler señalan también un cambio imparable del empleo asalariado hacia el empleo por cuenta propia y formas más flexibles de trabajo.

Los autores señalan, como ya resulta evidente, el desplazamiento de la economía mundial hacia el Pacífico, China e India, si bien son conscientes también de la existencia de centros que denominan de alto valor añadido y posible riqueza y que pueden surgir por doquier, en pequeñas comunidades bien conectadas, con personas preparadas y activas, ya sea en Estados Unidos o en otras partes del mundo. Resulta interesante y en cierta medida estremecedor su constatación de la quiebra de los sistemas educativos, escolares o universitarios, a nivel casi mundial, y el modo en que es posible que se estructure el futuro a este respecto.

En línea con otros como Thomas Friedman (“La Tierra es plana”), los Toffler pueden calificarse de optimistas o creyentes en una ciencia y en un capitalismo que se reinventa, en una globalización que favorece más a los pobres y en un mundo que, pese a muchos peligros nuevos y antiguos, promete ofrecer más posibilidades a más personas.

Lo cierto es que para lectores quizás sanamente escépticos o con una fibra moral que vaya más allá del pragmatismo, su visión llega a adolecer de cierto simplismo o ingenuidad. Esto se advierte especialmente en sus observaciones de pretendido calado moral o antropológico, donde dejan de ser ingenuos para caer a veces en un panorama similar al de “Un mundo feliz” pero al estilo ácrata liberal, lo cual no deja de ser preocupante.

Aurora Pimentel

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