“La sensación en Bruselas es que nos preparamos para un conflicto largo”

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Duración lectura: 7m. 12s.
Sede de la OTAN en Bruselas

Sede de la OTAN en Bruselas

 

Si en una ciudad se está viviendo con especial intensidad y preocupación la crisis creada por la agresión rusa a Ucrania, es en Bruselas. La capital belga aloja a dos instituciones clave en los acontecimientos actuales: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Unión Europea, “clubes” ambos en los que Kiev querría ingresar como socio de pleno derecho, y de los que tradicionalmente recela Moscú.

Con las bombas atronando a los habitantes de las ciudades ucranianas, se entiende que haya más ajetreo del habitual en Bruselas. Así lo ha atestiguado Concha Lozano, corresponsal de Onda Madrid y colaboradora de Aceprensa, que ha ejercido el periodismo allí durante 18 años. Esta semana, de paso por Madrid, conversó con nosotros sobre los sucesos de estos días:

¿Cómo se está viviendo la situación de Ucrania en las instituciones comunitarias?

— Es una situación extraña, novedosa para la UE. Es la primera vez que se moviliza ante la agresión a un país extracomunitario que ni siquiera tiene todavía el estatus de adhesión, pero que es un país amigo, con muchos intereses, y que tradicionalmente ha sido un tapón entre la UE y Rusia.

Sin ser miembro este país, la maquinaria europea se ha puesto en marcha en su defensa, no solo porque se considera un acto ilegal la invasión contra un país soberano e independiente, sino porque la UE observa en esto una amenaza a todo el bloque. No es lo normal que en tan poco tiempo haya habido una reacción de la OTAN, que ha activado el artículo 4 (*) y desplegado sus Fuerzas de Respuesta Rápida en las fronteras de países de la UE, pero colindantes con Ucrania; ni que la UE por primera vez vaya a financiar, entre todos los Estados miembros, el envío de armamento. Es la primera vez que sucede.

La ciudad está en plena ebullición. Todas las instituciones están a pleno ritmo de trabajo. Hay una intensa labor de coordinación entre todas las capitales, para que todas las posturas sean homogéneas y que el bloque reaccione como tal, sin fisuras, de conjunto incluso con países que no pertenecen a la OTAN, como Suiza. Me consta que hay mucha tensión y actividad. Y mucha preocupación.

“La reacción de Putin ha pillado un poco desprevenida a la opinión pública internacional y a las capitales europeas. No pensaban que fuera a llegar a tanto”

— Días atrás, el alto representante de Asuntos Exteriores de la UE, Josep Borrell, recordó que la Unión “no tiene la capacidad, ni la voluntad de intervenir militarmente en Ucrania”. Se transpira pesimismo…

— Borrell tuvo una respuesta muy airada hace unos días, cuando un periodista le preguntó por qué la UE no hacía nada, no intervenía. Le dijo: “¿Usted no se ha dado cuenta de que Ucrania no pertenece a la UE?”. Como diciéndole: “¿Qué más quiere que hagamos? No es un Estado miembro y estamos utilizando todos los recursos a nuestro alcance”.

La UE no puede hacer otra cosa, pero, así y todo, nunca había aplicado medidas tan severas desde el punto de vista económico contra un tercer país. Las sanciones están a un nivel nunca visto hasta ahora. Las ha habido de un nivel mucho más bajo y no tan amplias. Ahora tenemos la congelación de capitales y de activos rusos, el cierre del espacio aéreo a sus aviones, la expulsión de bancos rusos del sistema SWIFT… Son medidas que nunca se habían empleado, y son las armas que tiene la UE al margen de la diplomacia: la economía y la política. Las bélicas no: no puede usarlas. Entraríamos en una escalada totalmente sobredimensionada del conflicto, y no hay interés en esto ni en entablar una guerra directa con Putin.

Concha Lozano

Pienso, no obstante, que la reacción de Putin ha pillado un poco desprevenida a la opinión pública internacional y a las capitales europeas. No pensaban que fuera a llegar a tanto. Por más que EE.UU. advertía, advertía y advertía, al final había como una desconfianza: “¡Bah, no lo va a hacer! Unos pocos juegos militares y no va a ser capaz de invadir”. Y ha sido una agresión brutal, bestial, contra ese país.

La preocupación ahora es lo que viene después. En qué grado de tensión quedarán las relaciones después de esto. Cómo se va a salir de aquí, puesto que Putin no va a pasar por alto las sanciones tremendas contra Rusia y el apoyo a Ucrania.

No, esto no se va a acabar de un día para otro. La sensación que hay Bruselas, con las personas que he hablado, es que nos preparamos para un conflicto largo. Quizás no para uno con bombas, pero sí para un conflicto de tensión política muy grande, difícil de apagar pronto.

De los rescoldos a la hoguera

— ¿Percibe de algún modo voluntad para que, una vez se retire Rusia, las cosas vuelvan rápidamente a la situación original y se restituyan rápidamente los nexos con Moscú, de modo que se cause el menor daño posible en una y otra dirección?

— Eso es lo que yo dudo. Dudo que se tarde poco en volver a la situación prebélica. Se va a tardar mucho, porque lo que está pasando es muy grave. Nunca había ocurrido antes algo así, excepto durante la Guerra Fría, cuando había una falta de voluntad… Todo lo que se había conseguido hasta ahora, que iba de suavizar el trato con Rusia y de diálogo fluido entre una parte y otra, ha quedado muy dañado con el paso dado por Moscú. Será muy difícil de solventar todo esto.

Es verdad, por otra parte, que también se debía haber visto lo que se podía haber hecho desde los Acuerdos de Minsk, y todo lo que no se ha hecho hasta ahora para prevenir el escenario actual. Había una situación prebélica desde 2014, con la guerra en Crimea, en el Donbás… Había ahí unos rescoldos que se podían haber apagado para evitar que tomara fuerza nuevamente la hoguera. Creo que la UE tuvo desatendido todo eso, centrada como estaba en atraer a Ucrania.

“El papel de la OTAN ha salido reforzado como garante de la seguridad de Europa”

— ¿Ha habido imprudencia al mantenerle a Ucrania la invitación a formar parte de la OTAN?

— No soy analista internacional. Lo cierto es que Ucrania es un país independiente y soberano que puede pedir la admisión en la OTAN. Además, lo que dice la organización es: “Hoy es Ucrania, pero mañana es Finlandia. ¿Dónde paran las reivindicaciones rusas?”. ¿Es solo Rusia quien puede poner piezas en el puzle? Es una cuestión de fuerzas, de peleas políticas, de trasvase de poder de un lado a otro.

— Por último, ¿le parece que esta crisis ha servido de revulsivo, de “inyección” para que, a lo interno de los países, la gente aprecie un poco más la utilidad de la UE?

— Indudablemente. El papel de la OTAN ha salido reforzado como garante de la seguridad de Europa. El de la UE también, pero menos. La OTAN ha cobrado un ímpetu que estaba perdiendo, pues desde el fin de la Guerra Fría no sabía quién era su enemigo –si los terroristas, la amenaza islamista…–; estaba jugando un papel que no sabía bien si era el que le correspondía, y la situación actual ha servido para que valide su rol. Espero que también se valide el de la UE, porque debe ponerse en valor que la unión hace la fuerza, que es lo que Rusia teme. Teme el poder de la OTAN y de la UE, y lo demuestra. Si no, no las sentiría como una amenaza.

(*) Según el artículo 4 del Tratado del Atlántico Norte, “las Partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las Partes fuese amenazada”.

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