Micaela Menárguez: “El sexo no es ocio”

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Duración lectura: 11m. 46s.
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Micaela Menárguez es la directora de la Cátedra de Bioética de la Universidad Católica de Murcia e imparte clases de Fecundidad y Planificación Familiar en la Universidad CEU San Pablo. Madre de cuatro. Abuela de tres. Una pionera que entró en el paraíso de la sexualidad a través de la ciencia hace décadas y se ha convertido en una luz al final del túnel para quienes pensaron que el sexo era Jauja, que Jauja era Willy Wonca y la fábrica de chocolate, y, sin embargo, constatan en sus carnes que hay cielos que pueden mutar en pasajes de fango, vacío y terror cuando se vuelve loco el GPS.

Después de muchos años investigando, escribiendo y hablando sobre el amor al que quieren llamar solo sexo, esta doctora y académica de Farmacia dio a luz tras el confinamiento un libro de bolsillo, pero de bolsillo de camisa, porque sus enseñanzas, que no son dogmas fríos, sino ciencia y experiencia, están expuestas para pegarse al corazón pasando por la cabeza. Se titula Solo quiero que me quieran. Se subtitula: Tesoros y trampas del sexo y del amor. Y en ambas sentencias anda el juego de su propuesta, pronunciada con sonrisa femenina en muchas aulas, ante muchos jóvenes de diferentes décadas, ante numerosos padres desconcertados, y ante una sociedad que quiere creer en el amor trascendiendo a Walt Disney.

Coletazo final del verano. Mares y playas. Hamacas. Primeros amores y últimos portazos. Hablamos de sexo con cuerpo, con alma y con vida. Hablamos de sexo convexo, de sexo con besos, de sexo converso, de sexo con versos realistas.

Ha escrito usted un libro en el que nos cuenta que el sexo está, a la vez, sobrevalorado e infravalorado. ¿Dónde está el punto medio para ser feliz y sortear la patología?

El punto medio está en entender el sexo y ordenarlo, en comprender su sentido y su significado. En saber que el sexo no es una opción de ocio, sino expresión de algo muy profundo en el ser humano.

“El grito profundo del corazón humano es que nos quieran y sale del interior de todas las personas”

Su tesis es que los excesos sexuales responden a una cuestión de fondo: queremos que nos quieran, y si falta afecto tapamos el vacío del corazón con sexo sin alma.

El grito profundo del corazón humano es que nos quieran, y es un grito universal que sale del interior de todas las personas, aunque no seamos conscientes. Cuando no sabemos qué hacer, cuando pensamos que nadie nos oye, rellenamos el vacío unas veces con drogas; otras, con alcohol; y muchas veces, con sexo sin alma.

Habla de las familias sin contacto, del tsunami pornográfico en internet y de la presión social por una sexualidad libre sin armas educativas basadas en la evidencia científica. El adolescente de hoy que quiera aprender a vivir una sexualidad sana debe ser un superhéroe…

Sí, pero no está solo. Si quiere, tiene ayuda. Todos lo que quieren comportarse a contracorriente siempre encuentran en quien apoyarse. La vida siempre te da una oportunidad que debemos decidir si aprovechamos.

Escribe que el desencadenante más influyente en nuestra felicidad es elegir bien con quién compartiremos el futuro. Y parece que en esa misión esencial nos movemos solo por intuición, sin mucha ayuda de los padres, los colegios y la sociedad.

Así es. Hay un déficit muy potente en educación de los sentimientos que urge compensar. No se trata de negarlos, porque están ahí y son importantes. Tampoco se trata de darles un protagonismo exclusivo. Los sentimientos hay que ordenarlos dentro de la importancia que tienen, ni más ni menos. La elección de la persona apropiada para compartir la vida se debería basar en unos sentimientos ordenados y en un análisis racional. No podemos prescindir de ninguna de las dos cosas, porque si no, nos equivocaremos.

Enamorarse no es lo mismo que elegir a la persona con la que compartir nuestra vida.

Efectivamente. Enamorarse es irracional, pero amar es una decisión. Muchos jóvenes con los que hablo creen que, si te enamoras de una persona, debes pasar el resto de tu vida con ella sí o sí. El gran reto de la educación sentimental contemporánea es aclarar que podemos enamorarnos de personas que pueden amargarnos la vida y que es importante aplicar la razón al enamoramiento para decidir si esa persona nos conviene o no. Enamorarse no es irreversible.

¿Qué diferencia hay entre afinidad y química entre dos personas que se quieren?

La química es esencial entre dos personas que se quieren. Sin eso, las relaciones personales no funcionan, pero tampoco es el único elemento necesario para que prosperen. Construir juntos una vida es mucho más que química. Es un trabajo arduo, cuyo premio es la felicidad. Y para ello hace falta prepararse, saber qué es posible y qué no, compartir un proyecto y compartir afinidades. Y es importante tener en cuenta la compatibilidad de carácter, porque además de la química, hay que convivir…

Es posible que cada vez más jóvenes piensen que vivir un compromiso estable de pareja es imposible. Si mi objetivo vital es la fidelidad, ¿qué tengo que conseguir antes de que sea demasiado tarde?

Ser afectivamente maduro.

¿Cómo?

Yendo hacia dónde quiero ir, y no hacia donde me apetece ir, aunque a veces ambos destinos coincidan. Cada cual debe ser capaz de decidir qué es lo que quiere, elegirlo de forma libre y ponerse manos a la obra, aunque el cuerpo, el deseo y los sentimientos nos pidan otra cosa. Elegir nuestro destino y acertar así lo exige.

Hay quien piensa que la promiscuidad es un retrato carnal de la máxima expresión de libertad. Usted dice que es el síntoma de una persona herida en lo más profundo.

Eso es lo que me cuentan mis alumnos. Cuando se sienten solos, cuando piensan que nadie los quiere, cuando no encuentran con quien hablar a fondo con confianza, cuando han sufrido abusos o maltrato, cuando atisban un vacío afectivo o existencial… piensan que la promiscuidad les ayudará a mitigar el dolor. Y a veces, temporalmente, ese comportamiento anestesia las heridas. El problema es que, después, el dolor es más profundo. La única solución para salir adelante con fundamento es curar la herida desde el origen, y sentirse querido de verdad, no usado.

¿La relación entre la hiper emotividad y la infra intimidad es directamente proporcional? ¿Por qué es importante para nuestra sexualidad velar por la intimidad?

Una vez una alumna mía me dijo que le daba vergüenza preguntar a un desconocido por su pasado sexual, por si había tenido alguna infección antes de tener relaciones con él, pero no le daba vergüenza la desnudez con ese desconocido, porque a eso estaba acostumbrada. La intimidad del cuerpo es como la del corazón. Si se la das a la persona inadecuada, hará mal uso de ella y te hará daño. La intimidad es un regalo inmenso, porque supone entregar el cuerpo y entregar el corazón. Proteger la intimidad es educable a través del pudor y es recomendable hacerlo en el periodo sensitivo de entre los 8 y los 12 años en el seno de las familias. La protección de la intimidad nos garantiza poder darnos a otra persona y expresar, con el cuerpo, que somos de esa persona para siempre.

“La intimidad es un regalo inmenso, porque supone entregar el cuerpo y el corazón”

¿“Para siempre”? ¿Es posible pensar en parámetros de “para siempre” en el siglo de la incertidumbre y de las montañas rusas emocionales? Ese “para siempre” a veces suena a homilía poética…

Cuando nos enamoramos y decidimos amar todos queremos que eso dure para siempre, aunque haya dificultades, porque nada valioso se construye sin obstáculos. Más que leer el “para siempre” con un realismo cínico entendible en la sociedad en la que habitamos, lo ideal es empeñarse con hechos en lograr que ese “para siempre” sea posible.

Su libro destaca que el 56% de los divorcios en Estados Unidos tienen una causa primaria: la pornografía. Que el cibersexo es una pandemia con consecuencias personales y sociales. ¿Por qué combatir la pornografía no es solo un piñón de la Iglesia?

La pornografía es una adicción que arrasa con lo que tiene por delante y destruye la salud, las familias, las relaciones de amistad, la vida profesional… Sus efectos en el cerebro son comparables a los de la cocaína.

¿En una sociedad masivamente pornográfica es viable recuperar la ternura, el valor de la caricia y su importancia en la necesidad vital de sentirse queridos?

Lo primero es pensar y hacer pensar. Esto es lo más importante, porque sin reflexión, no podemos llegar a ninguna conclusión. Ese es el reto educativo de las generaciones venideras. Lo segundo es comprender que todos queremos que nos quieran y que todos podemos hacer sentir a los demás que son queridos a través del afecto y de la ternura. Así nos ponemos en un círculo virtuoso del que nunca querremos salir, porque es para lo que estamos hechos.

Con criterios de salud pública, denuncia el abuso de la píldora y los riesgos del condón. Pide una educación para la salud sexual como contra el tabaquismo. No parece ser una prioridad de los gobiernos, a pesar del elevado número de casos de enfermedades de transmisión sexual. ¿Hay miedo a que se entienda que velar por la salud en estos casos es una censura?

Es completamente tabú decir que los impulsos sexuales se pueden controlar, hasta que la realidad nos desborde… Las evidencias científicas están ya sobre la mesa, pero decirlo en voz alta es políticamente incorrectísimo. Mientras tanto, cada vez hay más dolor y más enfermedades. Creo que un día explotará esta realidad ocultada y no habrá más remedio que tomar medidas. En los años 80 era impensable que no se pudiera fumar en los bares, y ahora a nadie se le ocurre. El día en el que la píldora salte por los aires por sus efectos secundarios y las infecciones de transmisión sexual se conviertan en pandemia, se tomarán medidas, aunque será tarde.

¿Cuáles son las ventajas de una sexualidad responsable para la salud psíquica?

Para empezar, hay una relación directamente proporcional entre la píldora y los problemas de salud mental, como la ansiedad, la depresión y los intentos de suicidio. Las rupturas sentimentales por culpa de una sexualidad poco racional también empeoran la salud mental, y causan ansiedad y depresión en las mujeres y adicciones en los varones. Eso no significa que quienes no son promiscuos estén cuerdos, pero, desde luego, la estabilidad afectiva ayuda mucho a la cordura.

En un mundo de incertidumbre, sobre todo a raíz de la pandemia, ¿hasta qué punto una sexualidad responsable puede ayudarnos a la estabilidad personal, familiar y social?

La sexualidad responsable es la sexualidad con sentido y con significado. Te doy mi cuerpo, y con él, te doy mi vida para siempre mientras te hago sentir cuánto te amo. Y a la vez puedo transmitir la vida. La sexualidad responsable genera una gran felicidad, pero mucha gente se lo pierde.

¿El feminismo es coherente en la pelea contra la sexualización de la mujer?

El verdadero feminismo debe hacer entender a la sociedad que ninguna mujer quiere que la usen. Que las mujeres no estamos para satisfacer al hombre siempre que él quiera. Que nosotras no tenemos que estar supeditadas a la píldora destrozando nuestros cuerpos para estar disponibles cuando lo pida el hombre. Que ellos se adapten a nuestros ciclos naturales. El verdadero feminismo tiene un papel importante en defender ante la sociedad que las mujeres, como los hombres, detestamos que nos utilicen y deseamos que nos quieran.

¿Hay relaciones empíricas entre la sexualidad desbocada y la soledad?

Es evidente que hay personas que han puesto en entredicho el amor, la familia y la estabilidad porque pensaban que se estaban perdiendo toda una vida y, buscando la verdadera felicidad, se han encontrado con la pura soledad. Me preocupa mucho la creciente tendencia entre mujeres separadas de 45-60 años, que han entrado en una espiral de soledad y tapan su vacío con personas desconocidas con quienes contactan por internet, aunque se expongan a conductas de riesgo, a situaciones de maltrato y a interactuar con gente muy rara. Conozco a mujeres que quedan en un hotel con un desconocido para paliar su soledad y se arriesgan a que les hagan más daño, incluso físico.

Pide usted una contrarrevolución contra la tiranía del sexo sin fronteras en plena crisis demográfica mundial. ¿Grita usted sola en el desierto, o ve horizontes de esperanza para su propuesta?

No estoy sola. Estoy con todos los jóvenes que quieren que los quieran, con todos los que quieren proteger a sus familias, a sus hijos y a sus amigos; con todos los que sienten la necesidad imperiosa de afecto y de ternura.

¿Cree que la Iglesia sabe concienciar sobre este campo con horizontes atractivos?

Con excepciones puntuales, como el Cantar de los Cantares y la Teología del Cuerpo de san Juan Pablo II, la Iglesia católica todavía tiene el reto de explicar la sexualidad con visión integral y atractiva. El sexto mandamiento requiere aún una catequesis basada en la Antropología y en la Biología. Es mi opinión personal.

 

Álvaro Sánchez León
@asanleo

 

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