Con un reparto y un diseño de producción excelentes, a esta adaptación del clásico de Enid Blyton le pesa la falta de imaginación y un guión demasiado gris.
Bajo la propuesta más comercial –y también más excesivamente autorial– de Luca Guadagnino, se esconde una cruda radiografía del “wokismo” en la universidad.
La película entrelaza una historia de amor y el desafío de la enfermedad en un relato emotivo que mantiene su autenticidad sin caer en el sentimentalismo fácil.