Cuando, en 1970, se estrenó Love Story, su historia de un gran amor marcado por la enfermedad y la muerte conmovió a un amplio público, no sólo gracias a la célebre música de Francis Lai, convirtiendo la película en una de las de mayor éxito comercial.
En Vivir el momento, John Crowley –conocido principalmente por Brooklyn– ofrece una actualización de este tema atemporal, una especie de “Love Story 2.0”. La historia gira en torno a Almut, una entusiasta joven cuyo diagnóstico de cáncer de ovarios avanzado altera drásticamente su vida y la de su esposo Tobias. La pareja se enfrenta a cuestiones existenciales: ¿debería Almut someterse a un tratamiento agotador y de resultados inciertos, o aprovechar al máximo el tiempo que les queda juntos en familia?
Crowley acierta al romper la estructura narrativa lineal tradicional. La historia de amor se despliega como un mosaico de flashbacks y saltos temporales hábilmente entrelazados, transitando del romanticismo inicial a momentos de una relación más madura. Pasado, presente y futuro se fusionan, subrayando la importancia de vivir momentos que reflejan amor, pérdida y esperanza.
Además, logra un notable equilibrio entre el humor y la desgarradora tragedia. Florence Pugh caracteriza a Almut con altas dosis de vitalidad, mientras que Andrew Garfield, en el papel de Tobias, añade profundidad emocional. Su matizada interacción aporta autenticidad a la historia, ofreciendo una montaña rusa emocional que resalta el mensaje central de la película. Junto a un destacado lenguaje visual, los agudos diálogos del guionista Nick Payne y la innovadora estructura narrativa ayudan a que la película evite caer en el sentimentalismo.