Una macroencuesta avala lo que llevan años diciendo otros estudios: que el matrimonio tiende a deparar una vida familiar más satisfactoria que las uniones de hecho.
En las familias no encabezadas por matrimonios, la ausencia de perspectivas a largo plazo y el factor económico condicionan negativamente esa inversión.
Partir de cómo son los jóvenes resulta crucial para saber cómo acompañarles en su camino hacia el matrimonio, y eso exige tener en cuenta su mundo afectivo.
Varias iniciativas gubernamentales y privadas favorecen los espacios compartidos entre ancianos y jóvenes, para crear vínculos mutuamente beneficiosos.