Paraguay es el tercer país de origen de víctimas de trata en su región. Siete de cada diez de esas víctimas pasaron antes por el criadazgo, por la que adultos –a veces, familiares– traen a niños de zonas rurales a la ciudad con la promesa de una vida mejor, pero que con demasiada frecuencia se convierte en la antesala de la explotación. No es un dato antiguo ni superado: es el punto de partida del problema.
El Gobierno paraguayo presentó en Madrid El precio del pasaje, un mediometraje de 45 minutos que busca convertirse en herramienta educativa frente a la trata de personas. La iniciativa, financiada por la cooperación española, revela un país que ha decidido mirar de frente a uno de sus problemas más graves.
Con el contexto de la trata es como arrancó el acto de presentación de El precio del pasaje, organizado por el Ministerio de la Niñez y la Adolescencia de Paraguay en Madrid, con el respaldo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). El mediometraje –producción cien por cien paraguaya, subrayaron con orgullo sus impulsores– no es un documental al uso. La elección del formato narrativo fue deliberada: “Esta es la forma de educar. Un mero documental era demasiado frío”, explicó el ministro Walter Gutiérrez. La historia, basada en hechos reales, fue concebida para golpear la conciencia allí donde los informes no llegan.
El mediometraje cuenta la historia de Sandra –quien desde pequeña ha sido víctima del criadazgo a manos de sus propios tíos, privada de una infancia digna y marcada por abusos que han dejado una huella profunda en ella– y su prima Micaela –que crece en esa misma familia rota, buscando también una salida–. El novio de Micaela, a quien conoció a través de las redes sociales, les promete trabajo y estabilidad en España, y ambas ven en ello la oportunidad que tanto esperaban. Sin embargo, al llegar a Madrid descubren que todo era una mentira cuidadosamente construida: han caído en una red de trata de personas que las somete y las obliga a prostituirse, arrebatándoles la poca libertad que les quedaba.
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Un Ministerio que dice mucho
Que Paraguay tenga un Ministerio de la Niñez y la Adolescencia ya es, en sí mismo, una declaración de intenciones. No es habitual en la región que la protección de los menores cuente con cartera propia, y eso se nota en el enfoque: Gutiérrez habló de objetivos a largo plazo, de prevención antes que de restitución, y de la dificultad –casi imposibilidad– de “devolver” a una víctima de trata lo que le fue arrebatado: “Restituir derechos es muy difícil. Esto marca profundamente la vida de las víctimas”, afirmó. De ahí la apuesta por llegar antes: que la película pase por todas las escuelas del país, que los docentes hablen de estos temas con sus alumnos, que los 15.000 ya capacitados sean solo el principio.
El Gobierno paraguayo prepara un proyecto de ley de protección de menores en el entorno digital, porque las redes sociales se han convertido en uno de los principales canales de captación de víctimas
El representante de AECID, Jorge Mijangos Blanco, situó el proyecto dentro de una segunda fase de colaboración iniciada en 2024 que abarca también apoyo psicológico a víctimas y mejoras en los protocolos de cuidado infantil. La cooperación española lleva años trabajando en Paraguay con colectivos en situación de vulnerabilidad, y este proyecto es uno de sus frutos más visibles: “No es una decisión, es una necesidad moral”, aseguró Mijangos, con la conciencia de que hablar de trata resulta incómodo pero imprescindible: “La trata es una de las formas más crueles de discriminación y abuso a la que se ha enfrentado el ser humano y afrontarla exige pasar de las buenas intenciones a la acción concreta”.
El peligro que entra por la pantalla
Uno de los pasajes más actuales de la presentación fue el dedicado al entorno digital. Las redes sociales –Instagram, TikTok– se han convertido en uno de los principales canales de captación de víctimas. El ministro Gutiérrez fue directo: muchos jóvenes perciben los riesgos en línea como algo lejano o ficticio, pero los casos de captación a través de redes son ya una realidad documentada. En respuesta, el Gobierno paraguayo trabaja desde hace nueve meses en un proyecto de ley de protección de menores en el entorno digital que el presidente de la República, Santiago Peña, planea presentar próximamente al Congreso Nacional. El reto, reconoció Gutiérrez, es que sea una ley ambiciosa pero también realista y aplicable.
La trata, además, no tiene un solo rostro. El ministro recordó que bajo ese término se agrupa no solo la explotación sexual, sino también la laboral, el tráfico de órganos y otras formas de abuso. Y afloró un caso que ilustra la complejidad del fenómeno: el de un menor que, habiendo sido víctima de trata, terminó convirtiéndose en reclutador. Fue juzgado por complicidad –la responsabilidad penal en Paraguay comienza a los 14 años–, pero el caso dejó una incomodidad que ninguna sentencia resuelve del todo: “No es una película de ciencia ficción. Son hechos que ocurren en este mismo momento. Tenemos el deber ético y moral de combatir este problema”, subrayó Gutiérrez.
3.500 vidas, no números
Entre los logros citados destaca la reducción significativa de los casos de criadazgo, y el funcionamiento de un centro de restitución de derechos para víctimas. Se mencionaron también los retos pendientes: los embarazos adolescentes, la situación de los niños indígenas –que llegaron a representar el 70% de las víctimas de explotación en algunas zonas– y la presión creciente del narcotráfico como nuevo vector de captación.
El ministro cerró su intervención con una cifra que prefirió no dejar en lo abstracto: 3.500 vidas. “A veces no nos damos cuenta, pero una vida es una vida. No son números”. Es también, en el fondo, la razón de ser de una película que no busca entretener sino incomodar, recordar y, si es posible, prevenir: “Estoy orgulloso de que estemos salvando vidas, pero hasta que no acabemos con esto, no podemos estar satisfechos, aunque creo que vamos por el camino correcto”.
La cooperación entre España y Paraguay en esta materia no es nueva, pero sí creciente. Que un acto como este se celebre en Madrid, con la presencia de un ministro paraguayo, es también una señal: la trata de personas no es un problema exclusivo del país que la sufre más directamente.
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