Taylor Swift: ¿quién es esa?

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DURACIÓN LECTURA: 13min.
Taylor Swift
“Taylor Swift: The Eras Tour” / TAS RIGHTS MANAGEMENT

Mejor amiga de sus fans, sobrevalorada para sus haters y una incógnita para los ciudadanos de a pie que no entienden por qué es noticia cada dos días y que se habrán visto inundados de la publicidad que promociona su nuevo documental, que se estrena el 15 de marzo en Disney+.

Taylor Swift es muchas cosas a la vez. Protagonista de un fenómeno cultural, económico y político sin precedentes, capaz de ganar cuatro veces el Grammy al “Álbum del año”; generar 5.700 millones de dólares en Estados Unidos en 2023 solo con su gira, y convertirse en una pieza clave de las estrategias electorales. Empresaria brillante, doctora honoris causa por NYU, fenómeno de masas y, ante todo, una mujer que ha sabido jugar el juego.

Como una buena novela, su éxito se sostiene sobre varios elementos, y si llegase a faltar uno, se caería toda la trama, o en este caso, empresa. No se puede abordar el fenómeno Taylor Swift sin tener en cuenta su storytelling y capacidad de saltar entre géneros musicales, las “eras” (etapas) de su carrera; pero tampoco sin considerar su relación con sus fans, o sus enfrentamientos con la industria. Mucho menos sin tener en el radar la inseparabilidad de su arte y su persona, la pelea con Kanye West y su feminismo.

18 años de carrera, debutando con el “country”

Swift, persona del año en 2023 según la revista Time, es una mujer que lleva casi dos décadas cantando sobre ella misma. Sí, sobre ella misma. Sobre sus amores y desamores, sobre su experiencia vital siendo mujer –primero, una adolescente más del sur de Estados Unidos; luego, joven adulta viviendo en Nueva York, y, después, una de las voces principales en la industria musical –con todo el drama personal que eso supone–.Un tema que le ha dado para 10 álbumes (11, si se cuenta “The Tortured poets department”, que se publicará en abril de 2024), de diferentes géneros musicales: desde el country hasta el pop, el rock y el electropop, aterrizando en el indie, pero sin perder, en ningún momento, su sello personal.

Ese sello siempre se ha apoyado en una imagen de “chica buena” que construyó desde el inicio de su carrera. Es el tema de su primer álbum, “Taylor Swift” (2006), esa chica que solo quiere querer bien y ser querida, que viene de una familia con valores “sólidos”, que sueña con que su novio le pida permiso a su padre para casarse con ella y que, por supuesto, tiene acento del sur de Estados Unidos. En las “eras” de sus primeros álbumes –”Debut” (2007), “Fearless” (2009) y “Speak Now” (2011)–, Swift agradecía a Dios al ganar sus premios, nunca hablaba de política, vestía vestidos largos de lentejuelas y llegaba a la alfombra roja en carroza.

Algunos elementos tal vez fueran una fachada, (de su acento sureño no queda rastro), pero otros eran simplemente aspectos de la personalidad y vida de Swift que encajaban a la perfección con lo que, de otra manera, parecería un papel de teatro. La artista no dejó de ser ella y jugó la carta de la autenticidad. Su equipo era, y sigue siendo, su familia, se centró en escribir sobre lo que ella conocía y cumplió esa máxima que se le atribuye a Lev Tolstói: “Escribe bien sobre tu aldea y serás universal”.

“It’s a love story, baby, just say yes” (Fearless, 2010)

Y ahí está la primera clave de su perdurabilidad en la industria. Mientras las otras grandes voces del pop adolescente femenino en el momento eran Hillary Duff y Hannah Montana (el personaje de Miley Cyrus en el show de Disney Channel), conocidas por sus personajes como actrices, Taylor Swift no representaba ningún papel y era solo ella misma. La cantante escribía sobre sus propias vivencias como una adolescente normal y les daba a sus fans la experiencia de leer el diario de una amiga. Una fórmula que ahora utilizan los nombres más grandes de la nueva generación de artistas, como Olivia Rodrigo, Sabrina Carpenter, Reneé Rap y Conan Gray.

No utilizaba las redes sociales como una celebridad, sino como una fan más. Para ellos, la relación no era parasocial, sino recíproca

Por eso, cuando dejó atrás la música country, no dejó de ser Taylor Swift. Sus fans la conocían más allá de su presencia en el escenario y cuando se transformó para adentrarse en el mundo del pop, cambiaron junto a ella. No la escuchaban solo por su música, sino que les gustaba su música porque la conocían a ella e identificaban en sus canciones momentos de su vida pública.

Evidentemente, no fue la primera artista en escribir sobre su vida personal, ni en crear cercanía con sus fans. Pero Swift lo hacía diferente. En vez de utilizar sus redes sociales solo como un megáfono para su música, ella las utilizaba como un medio para interactuar directamente con sus seguidores. En Tumblr, a la que se unió en 2014, reposteaba constantemente mensajes de ellos, a los que agradecía individualmente, mencionándolos con nombre. Llegaba incluso a enviarles flores en momentos importantes y a invitarles a su casa a escuchar su música antes de que saliera al público general. No utilizaba las redes sociales como una celebridad, sino como una fan más. Para ellos, la relación no era parasocial, sino recíproca.

“Got a long list of ex lovers, they’ll tell you I’m insane” (1989, 2014)

Con el tiempo, la imagen pública de Swift empezó a molestar. El abandono del country por el pop y la constante referencia a su vida privada hizo que el público general se saturara. Para cuando publicó Red (2012) y 1989 (2014), sus álbumes más pop, muchos consideraban que su música estaba sobrevalorada. Se pensaba (y se piensa) que no era una artista lo suficientemente seria y que sus temas eran demasiado femeninos. Para los críticos, su éxito dependía de una manada de fans obsesivos, predominantemente mujeres jóvenes, que, se podía leer entre líneas, “no tenían gusto musical, solo ansias de cotilleo y menciones a varones guapos”.

Su carrera se apoyaba mucho en el drama con sus parejas y su rivalidad con otros personajes de la industria, como la cantante Katy Perry. Debido a estos, Swift se ganó la fama de ser una mujer “difícil” y manipuladora.

Here lies Taylor Swift’s reputation (Reputation, 2017)

Esta fama fue el terreno abonado para que estallara el conflicto que marcó un antes y un después en la vida de Taylor Swift. En febrero de 2016, el rapero Kanye West publicó su canción “Famous”, donde dice “I feel like me and Taylor might still have sex// Why? I made that bitch famous” (“Siento que Taylor y yo todavía puede que tengamos sexo// ¿Por qué? Yo hice que esa perra fuera famosa”). El polémico artista estaba haciendo referencia a cuando, en 2009, le quitó el micrófono a Swift, interrumpiendo su discurso al ganar el VMA a «Mejor Video Femenino», para decir que Beyoncé se merecía más el premio.

En cuanto se publicó “Famous” (que luego fue acompañada por un vídeo en la que se mostraba a una falsa Taylor Swift desnuda), la frase fue criticada y Kanye se defendió alegando que Swift la conocía y que le había gustado. Ella, por su parte, siempre negó haber dado consentimiento a esa mención.

Este es el mundo de Taylor Swift. Ella es la protagonista y nosotros solo estamos ahí, de fondo

En un intento de defender a su entonces marido, Kim Kardashian hizo pública parte de una llamada de Swift con Kanye, en la que la artista parecía dar el visto bueno a la canción. Y así fue como Taylor Swift fue cancelada. Los emojis de serpiente inundaron las redes sociales y en los conciertos de Kanye se escuchaban cantos que decían “Fuck Taylor Swift”. En 2020 se filtró la llamada completa, donde se comprueba que a Swift nunca le mostraron la frase que la llama “that bitch”, pero ni el rapero ni Kim Kardashian le han pedido perdón al día de hoy.

Este incidente marcó un antes y un después en la carrera de la cantante. Se apartó del ojo público durante un año entero, y volvió en 2017 con un nuevo álbum electropop (“Reputation”), cuya imagen central era una serpiente. “Sean como una serpiente, buenos con todo el mundo, hasta que alguien los pise”, dijo a sus fans al promocionar el álbum. Así demostró uno de sus talentos más grandes como artista, ese de contar su propia historia, como ella quiere que sea contada.

It’s been a long time coming” (Lover, 2019)

En definitiva, este es el mundo de Taylor Swift. Ella es la protagonista y nosotros solo estamos ahí, de fondo. Cualquier circunstancia es un buen escenario, desde su desencuentro con Kanye hasta la crisis política de Estados Unidos.

Tal vez nunca abandonó la necesidad de encarnar el ideal de “chica buena”, que antes le exigía quedarse callada, y ahora le llamaba a defender abiertamente causas políticamente correctas

En 2018 decidió apoyar al candidato demócrata de Nashville en las primarias estadounidenses en una publicación de Instagram. 48 horas después, más de 160,000 personas se habían registrado para votar. Aunque su apoyo no fue suficiente para que los demócratas se llevaran los escaños del Senado, a Swift le vino bien para publicitar su primera canción más reivindicativa  “Only the young”. En su siguiente álbum, “Lover” (2019) Swift lanzó tres canciones de tintes políticos (“The man”, “You need to calm down”, “Miss americana and the heartbreak prince”).

A muchos de sus fans, especialmente algunos que la acompañaban desde sus años en el country, les molestó este cambio. Otros llevaban tiempo criticando su silencio. En su documental “Miss Americana”, se encargó de justificar su nueva actitud: antes no hablaba de política porque “no le estaba permitido». Como cantante de country, tenía como referente al grupo The Dixie Chicks que, al pronunciarse en contra de la guerra en Iraq, “enterraron sus carreras”.

Casualmente en el momento en que estaba de moda que los famosos se convirtieran en activistas políticos, ella también decidió dejar de lado lo que la gente pudiese pensar. Tal vez nunca abandonó la necesidad de encarnar el ideal de “chica buena”, que antes le exigía quedarse callada, y ahora le llamaba a defender abiertamente causas políticamente correctas.

“Take me to the place where all the poets went to die” (Folklore, 2020)

En 2022, Taylor Swift recibió un Doctorado honoris causa en Bellas Artes por la Universidad de Nueva York y pronunció un discurso de agradecimiento dirigido a los jóvenes universitarios que se aventuraban por primera vez al mundo laboral. Y así es como Swift se coló también entre las élites universitarias.

Otro aspecto de su imagen que Swift se ha trabajado es el de trascender su faceta de cantante e intentar presentarse como poeta o escritora. Y hay quien compra esa visión. La Universidad de Harvard tiene un curso dedicado a la música de Taylor Swift en el que se hacen preguntas como “¿Qué temas comunes ve en estos extractos de Lines Composed a Few Miles above Tintern Abbey de William Wordsworth y Fifteen de Taylor Swift?”.

Taylor Swift existe en el imaginario colectivo de toda una generación desde que tienen memoria

Si los críticos que aseguran que Swift está sobrevalorada quieren más munición, ahí la tienen. En una de las universidades de élite de Estados Unidos se imparte un curso en el que se mezcla a Swift con poetas como Wordsworth y escritores de la talla de Shakespeare.

Y a Europa también ha llegado la fiebre swiftie. La Universidad de Gante (Bélgica) ofrece un curso con el nombre de»Literatura: La versión de Taylor». Está dirigido por la profesora Elly McCausland, autora del blog «Swifterature», que compara la obra de la estrella del pop con la de escritores como Sylvia Plath o Charles Dickens.

No todos ven esta calidad en la obra de Swift. Algunos señalan que se confunde su delicadeza y ritmo lento con una verdadera profundidad.

Víctor Lenore, crítico de Vozpópuli, desarrolla esta visión tras la publicación del álbum Folklore, uno de los más alabados por sus letras y considerado el mejor de su carrera: “Que Folklore suene más introspectivo y lánguido, no lo convierte en superior a sus hermanos”.

Lenore no considera que la música de Swift sea mediocre, pero señala que su habilidad para que todas las canciones suenen “monas” es un camino hacia el éxito comercial asegurado, pero también un obstáculo para alcanzar la verdadera grandeza.

“It cut deep to know ya, right to the bone” (Evermore, 2020)

Todavía quedaba el golpe maestro. Su última cruzada contra la industria la ha posicionado a ojos de muchos seguidores como la heroína que conocen hoy. En junio de 2019, Big Machine Records, la anterior discográfica de Swift, donde había producido y trabajado sus primeros seis álbumes, fue vendida a Scooter Braun por 330 millones de dólares. Con la venta, Braun se convirtió en el dueño de todos los másters de las canciones, videos musicales de Swift, así como de todas las obras de arte con derechos de autor de la discográfica, algo que Swift no quería.

Seis meses después, Swift anunció en otro post de Tumblr que había sido elegida como “Mujer del año” en los American Music Awards, pero Braun y Scott Bruschetta (anterior dueño de Big Machine Records) no le permitían tocar algunas de sus canciones en el show ni tampoco utilizarlas en su futuro documental “Miss Americana”. Así que se buscó otra forma de recuperar su música

“Ask me why so many fade, but I’m still here” (Midnights, 2022)

En 2021 empezó a publicar sus primeros seis álbumes con el tag “Taylor’s Version”, de los cuales tendría total control y dominio. Esta fue su jugada maestra, que no solo la hizo la cantante con más ingresos ese año, sino que le ayudó a recuperar su arte. Aprovechándose de la nostalgia que cubre los años post-pandemia, llevó de vuelta a millones de personas a revivir sus años de la infancia y recordar la magia que alguna vez descubrieron en sus canciones. Una fórmula que explotó en su nuevo álbum “Midnights” (2022), en el que revive situaciones pasadas que todos sus fans conocen y juegan a identificar

Porque Taylor Swift existe en el imaginario colectivo de toda una generación desde que tienen memoria. Les acompañó en su primera ruptura amorosa con “Picture to burn”, pero también con “Love Story” o “Lover” en el baile de su boda. La regrabación de sus canciones acentuó esta dinámica. La guinda del pastel, sin duda, es el “Eras Tour” que comenzó en 2023 y continuará hasta 2025, donde Swift hace un repaso por toda su discografía, todos los 10 álbumes, todos esos 18 años, en una sola noche.

Y ahí está la última pieza del rompecabezas. La razón por la que la mayoría de personas escuchan aún su música: no es solo por sus melodías, algunas veces pegadizas, otras veces sublimes; tampoco por solo por sus letras, algunas veces simples y graciosas, otras veces excepcionales… sino más bien por esa especie de meta-arte, que ha creado al hacer de su vida una narración, una gran performance, en la que las personas pueden participar, no solo disfrutando propiamente de su arte, sus canciones, sino también de ese multiverso que es Taylor Swift misma.

Un comentario

  1. Lo mejor que pudo pasarle al country es que Taylor Swift saliera de sus listas. Su presencia allí fue demoledora, se cargó el estilo por completo pero acaparó premios e influencia. Temí que el country desapareciera, todas las cantantes querían imitarla. Hasta Kacey Musgraves ha tardado en abandonar su influencia. Afortunadamente, tras años de desolación, el country se ha recuperado, con Taylor en otras pistas, y con mujeres como Carrie Undewood, Lainey Wilson, Ingrid Andress o la propia Kacey Musgraves, liberada ya de la influencia maligna de Taylor. Por no hablar de hombres como Cody Johnson, Morgan Wallesn, Jason Aldean, etc. Estamos en una nueva edad dorada, casi como en los tiempos de Emmylou Harris y Don Williams. Gracias por marcharte, Taylor. Suerte con el tecno.

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