Polly y Tim están hartos de que sus hijos estén todo el día conectados a la tecnología, así que toman la decisión de irse a vivir a un lugar apartado de la campiña inglesa. Allí descubrirán un árbol mágico que les llevará a un mundo extraordinario…
Enid Blyton no tenía el talento literario de Roal Dahl o Lewis Carroll, pero sus cuentos llegaron a ser muy populares durante varias generaciones de lectores. Con un presupuesto de 80 millones de dólares, esta adaptación de uno de sus relatos más célebres tiene un diseño de arte muy ambicioso de Jane Harwood, nominada dos veces al Óscar por Los miserables y Alien: Romulus, y unos decorados extraordinarios de Alison Harvey (The Crown). Junto a este aspecto visual, en el reparto hay dos actores excelentes como protagonistas: Andrew Garfield y Claire Foy, que interpretan a los esforzados padres de tres hijos en permanente estado de queja o insociabilidad.
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La película es un escaparate de personajes y lugares fantásticos especialmente dirigido a los más pequeños, con un desarrollo dramático muy evidente. El guión lo firma el también actor Simon Franaby, que había acertado en anteriores adaptaciones como Paddington o Wonka, pero que en esta ocasión no logra dar la suficiente chispa a los diálogos y personajes. Algo parecido sucede con la música de Isabella Summers, que en pocos momentos consigue aportar la magia necesaria a este entretenido pero monótono viaje a un mundo que debería ser mucho más fabuloso.