Deporte, desnudos y Sydney Sweeney. Una vez más, la actriz vuelve a estar en el centro de la polémica por su colaboración con Novig, una plataforma vinculada a las apuestas y predicciones deportivas. Basta con ver la campaña para comprobar que el deporte queda casi en un segundo plano y que mostrar el cuerpo femenino está por delante de todo lo demás.
Vivimos expuestos constantemente a cuerpos, imágenes y exhibiciones que buscan captar la atención de la forma más burda. Parece ser que cuanto más muestra una mujer, más reacciones se consiguen. En este contexto, una campaña como esta no resulta tan extraña. Y quizá sea eso precisamente lo preocupante.
Sinceramente, cuesta aceptar que sigamos asociando el empoderamiento femenino con la sexualización. Durante mucho tiempo hemos criticado que la mujer fuera reducida a su apariencia, y ahora se puede acabar reivindicando eso mismo, sólo que disfrazándolo de libertad y presentándolo como algo aparentemente emancipador.
El problema no está sólo en “enseñar”, sino en qué idea de la mujer se refuerza cuando la atención vuelve a depender de su físico. Si el empoderamiento femenino pretende ampliar las posibilidades de la mujer, convertir de nuevo su cuerpo en el centro parece más un retroceso que un avance.
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La mujer no es un escaparate ni necesita convertir su cuerpo en una herramienta de marketing, y mucho menos cuando aquello que se publicita no tiene ninguna relación con él.
Y resulta irónico que sea una mujer quien termine alimentando una imagen de la que el feminismo lleva años intentando escapar, porque bastan unos segundos de una actriz semidesnuda para desplazar todo lo demás y devolver el foco al lugar de siempre.
Quizá eso sea lo que más me apena. Se suele pensar que esta cosificación viene únicamente de fuera, cuando muchas veces es la propia mujer la que lo refuerza.
Porque, si después de tantos avances seguimos necesitando recurrir al cuerpo femenino para vender o acaparar miradas, quizá deberíamos preguntarnos qué valor estamos dando realmente a la mujer.