Después de fracasar una y otra vez en su intento de atrapar al Correcaminos, el Coyote decide buscar un culpable. Todos los productos que compró a la compañía Acme acabaron estallándole en las manos —a veces, literalmente—, así que contrata a Kevin Avery, un abogado en horas bajas, para demandar a la empresa.
Coyote vs. Acme no pretende actualizar a los Looney Tunes, sino devolverlos al público tal como los recuerda. El Coyote continúa despeñándose por barrancos, los carteles aparecen en el momento preciso y las leyes de la física quedan suspendidas en beneficio del gag. La película conserva intacta la esencia de aquel humor slapstick, basado en el ritmo, la reiteración y una violencia tan desmedida como inofensiva.
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El mérito de Dave Green consiste en trasladar ese universo a la imagen real sin que pierda su espontaneidad. La integración entre actores y personajes animados resulta extraordinariamente natural. Probablemente desde ¿Quién engañó a Roger Rabbit? no se había conseguido una convivencia tan convincente entre ambos mundos. Las apariciones de Bugs Bunny, Porky, Piolín y otros viejos conocidos amplían además el universo de los Looney Tunes y les conceden una vida insospechada más allá de sus cortometrajes.
Bajo la sucesión de explosiones y persecuciones asoma también una sátira certera sobre las grandes corporaciones y su afán por acumular poder y beneficios a costa de las personas. La crítica nunca pesa más que el entretenimiento y adquiere una especial ironía al conocer la historia del proyecto: aunque ya estaba terminada, Warner decidió no estrenarla para obtener una desgravación fiscal. Tras la movilización de sus creadores y de buena parte de la industria, otra distribuidora terminó rescatándola. La película estuvo a punto de acabar aplastada por la misma lógica empresarial que denuncia.
Divertida, ingeniosa y realizada con un cariño evidente hacia sus personajes, Coyote vs. Acme demuestra que para devolver la vida a unos clásicos no siempre es necesario reinventarlos. Basta con comprender por qué siguen funcionando y confiar en aquello que los hizo inolvidables.
Jaume Figa Vaello
@jaumefv