Señales

TÍTULO ORIGINAL Signs

DIRECCIÓN

GÉNEROS

Director y guionista: M. Night Shyamalan. Intérpretes: Mel Gibson, Joaquin Phoenix, Cherry Jones, Rory Culkin, Abigail Breslin. 106 min. Jóvenes.

Suspense con contenido. Usar el cine de género para abordar cuestiones universales de hondo calado. Éste es el hilo conductor de la filmografía del guionista y director M. Night Shyamalan (Los primeros amigos, El sexto sentido, El protegido). El cineasta de origen hindú bebe de un cine popular, deudor de Spielberg y Hitchcock. Pero la emoción la usa como vehículo para ir más allá.

Ejemplo de lo dicho es el plano con que se inicia Señales. En una mesita de noche, una foto de rostros sonrientes: un clérigo rodeado de su familia. De pronto el clérigo, que está acostado en la cama, se despierta sobresaltado de una pesadilla. Al incorporarse, la foto queda oculta. De modo gráfico no exento de intriga, Shyamalan resume el tema de la película: la angustia de una familia, apagada tras la muerte de la madre en accidente de tráfico. Acontecimiento especialmente traumático para el padre Graham, pastor presbiteriano que ha visto removidos los cimientos de su fe, hasta el punto de colgar el traje talar. Y lo que le sostiene, el amor a sus dos hijos, parece no acabar de bastar. Aunque le eche una mano su hermano Ferrill, que generosamente se ha venido a vivir con ellos.

Una lectura superficial del film podría llevar a definirlo como la versión Shyamalan de Encuentros en la tercera fase. Pero las señales en los campos de maíz de Graham, que provocan la desazón mundial (¿será un fraude?, ¿constituyen las pistas de aterrizaje de una invasión alienígena?), no son un puro divertimento ni una especulación vacía. El director filma con fuerza extraordinaria, planifica con ángulos novedosos. Crea atmósferas inquietantes, apoyado en la banda sonora y los efectos de sonido. Pero sobre todo habla de personas y sus inquietudes, lo que da pie a un magnífico duelo interpretativo entre Mel Gibson y Joaquin Phoenix. Hace mil y una variaciones sobre un mismo tema, la incomunicación, mal endémico, de modo paradójico, en nuestra sociedad mediática. Y se atreve a hablar sin complejos de Dios y de la fe; en definitiva, de cosas que importan.

José María Aresté

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