La deuda

GÉNEROS,

PÚBLICOJóvenes-adultos

CLASIFICACIÓNViolencia

ESTRENO08/09/2011

En los años sesenta tres agentes del Mossad viajaron a Berlín para detener al Cirujano de Birkenau, un antiguo nazi acusado de someter a los judíos a brutales experimentos y torturas. Treinta años después, los tres agentes siguen marcados por el peso de aquella misión.

John Madden, candidato al Oscar por Shakespeare in Love, dirige este thriller de espionaje que en realidad es el remake de la película israelí Ho-hav. Para adaptarla, Madden ha contado con tres guionistas: Mathew Vaughn y Jane Goldman (que han firmado juntos los libretos de Stardust, Kick-Ass y X-Men: Primera generación) y Peter Straughan (Los hombres que miraban fijamente a las cabras y El topo, otra cinta de espías que se estrenará este año). Esta versión es una película muy solvente que recuerda a los grandes thrillers de los setenta.

Un primer mérito es el tono. La cinta se aleja de los trillados caminos del cine de acción para adentrarse en una senda en la que se cruzan el drama psicológico, el amoroso, el político y el policiaco. A primera vista puede parecer que hay demasiados hilos argumentales, pero la película lleva de una historia a otra sin sobresaltos. Madden también maneja con fluidez los saltos en el tiempo, pues la acción discurre en dos momentos separados por treinta años.

El otro gran mérito está en el reparto. Los temas que aborda la cinta –la verdad, la conciencia, el peso del engaño…– y el modo de plantearlos son casi shakespearianos. Sin unos intérpretes convincentes, la película se habría ido a pique, o al menos resultaría poco creíble.

Para no arriesgar, Madden ha puesto a dos pesos pesados, Mirren y Wilkinson, en los papeles de dos de los agentes en su madurez. En su juventud están bien caracterizados por Jessica Chastain y Marton Csokas. El tercer agente, Sam Worthington, es, sin duda, la “pieza débil” en este apartado interpretativo, pero como su papel es el de hombre herido y sufriente, no desentona tanto.

La cinta acusa un excesivo afán de dejar todo claro al espectador, repitiendo escenas y provocando más de una caída de ritmo; pero tiene hechuras de cine clásico, de ese que está bien escrito, rodado e interpretado.

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