Sin rodeos, Immortals cuenta mal la titanomaquia y el mito de Teseo y el Minotauro. Los titanes, seres fabulosos que existieron antes de que los dioses lucharan con ellos por la supremacía en el Olimpo, perdieron y fueron encerrados en el Tártaro. El último episodio de aquella historia se dio cuando el titán Hiperión intentó liberar a sus hermanos y volver a plantar cara a los dioses.
El guión de los Parlapanides (griegos sólo de nombre) presenta a un Hiperión con aspecto de chulo de taberna que, al mando de un formidable ejército, arrasa todo lo que se pone por delante. Al parecer, está decidido a acabar con humanos y dioses por igual, y para conseguirlo quiere apoderarse del poderoso arco de Ares que está en manos de un simple campesino llamado Teseo.
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Tarsem Singh (La celda) tiene en su haber una obra tan extraña como hermosa llamada The Fall: el sueño de Alexandria. Aquí trabaja con un guión muy flojo y sus méritos se reducen a la fuerza de la composición visual, que depara algunas espectaculares batallas, herederas de Furia de Titanes, de El Señor de los Anillos y de 300. Pero la narración, la historia, que sería interesante de por sí, nos deja bastante fríos.